miércoles, mayo 30, 2007

Drama personal (drama prisional)

Dramatis personae

Margarita
Señora Goldberg: Madre de Margarita
Señora Bergman: Una amiga de la señora Goldberg

En el centro del escenario, la señora Goldberg y la señora Bergman están sentadas sobre dos bicicletas fijas que apuntan a la derecha. Detrás de ellas hay una pantalla sobre la cual se proyecta un paisaje que se mueve durante la conversación, dando la ilusión de que avanzan. Ellas no pedalean en ningún momento.

Señora Bergman (agitada): ¿Ayunaste bien?
Señora Goldberg (agitada): Siempre me pasa lo mismo en Yom Kippur: Ayuno y me siento bárbara, y después me como todo y me siento una chancha.
Señora Bergman: Mi marido no ayuna, dice que es ateo.
Señora Goldberg: Me dan pena los ateos. ¿Sabés que mi nena ayuna con nosotros?
Señora Bergman: ¿Margarita? Pero si le faltan años para el bat mitzva.
Señora Goldberg: Es muy precoz. No sabés como habla el inglés. Lo aprende escuchando la radio ¿viste esos programas que enseñan inglés?
Señora Bergman: Que linda es la nena tuya, mofletuda y con esas pequitas en la nariz.
Señora Goldberg: Bueno, te dejo, que la dejé sola en el arenero.

La bicicleta de la señora Goldberg permanece quieta en el centro del escenario mientras que la de la señora Bergman desaparece haciendo marcha atrás, dando la ilusión de que la señora Goldberg avanza más rápido que su amiga. El arenero aparece por la derecha con Margarita adentro. La imagen proyectada se detiene en un cuadro. La señora Goldberg se baja de la bicicleta y avanza unos pasos hacia su hija. En el arenero hay varios muñecos, una radio y un modelo de escenario (con cortina y todo).

Margarita: Esto me va a doler más a mí que a vos.
Señora Goldberg: Hola hija.
Margarita: Goldberg.
Señora Goldberg: ¿A que jugabas?
Margarita: A que mi pequeño pony se quebraba una pierna y había que sacrificarlo.
Señora Goldberg: ¡Gorda! Te dije que te sacaras los zapatos antes de entrar al arenero, después entras a la casa y haces un lío bárbaro.
Margarita: Ay, Goldberg, usted aburre.
Señora Goldberg: Lo que me aburre es estar fregando el piso como una loca. (Silencio corto) Vení a darle un beso a mami.
Margarita: Más luego
Señora Goldberg: Me voy a dar una duchita rapidita y después quiero que hagas los deberes.

Se retira

Margarita agarra dos playmobil y el escenario y juega a que un playmobil es un policía y el otro un hombre que va a la comisaría a hacer una denuncia. Margarita hace las voces de ambos. Esta es la escena que se desarrolla entre ellos.

Dramatis personae

Alejandro: Un tipo al que le chorearon unos chorizos
Oficial: Un oficial

Una comisaría. Varios uniformados se pasean, entrando y saliendo del escenario. Algunos empujan a hombres esposados con remeras de los redondos, otros llevan a prostitutas agarradas del brazo. En el centro del escenario hay un mostrador detrás del cual un policía atiende a una señora. Entra Alejandro.

Oficial: Vaya por aquel pasillo hasta el fondo que le van a tomar la declaración.

La señora sale. Alejandro avanza y gana el mostrador.

Alejandro: Vengo a hacer una denuncia.
Oficial: ¿Por qué motivo?
Alejandro: Unos chorros me chorearon unos chorizos.
Oficial: ¿Podría identificarlos?
Alejandro: Y… eran chorizos, no se si podré discriminarlos de otros chorizos. Les había hecho unos agujeros con un tenedor para que chorrearan la grasa.
Oficial: A los mal viviente me refiero.
Alejandro: Ah, ellos. Si, están en mi casa, los maté con mi pistola. Les hice unos agujeros para que no chorearan más, los grasas.
Oficial: No se dice grasas, se dice “personas de capacidad adquisitiva reducida”
Alejandro: “Adquisitiva reducida” que mal suena.
Oficial: Yo no invento los términos, señor, si por mi fuera se les diría “negros de mierda”, pero ya ve que soy una mera pieza de un sistema que nos abarca a ambos.
Alejandro: Eso a mi no me incumbe, yo vivo en el presente, la visión global de las cosas es algo que interesa sólo a las gentes que miran a largo plazo. Lo que yo quiero es que me devuelvan mis chorizos.
Oficial: Es entendible… Pero, si los mató… Digo… Seguramente llevaban los chorizos consigo, ¿no los recuperó?
Alejandro: Si, pero al ver la sangre, mi mujer empezó a gritar, y mientras yo la cacheteaba un poco para calmarla, el perro se comió los chorizos.
Oficial: Ya veo, the plot thickens.
Alejandro: ¿Como dice?
Oficial: The plot thickens.
Alejandro: No entiendo
Oficial (modulando exageradamente): The (silencio) Plot (silencio) thickens.
Alejandro: No se que es eso, ¿debiera saberlo?
Oficial: Es ingles.
Alejandro: Haberlo dicho, yo ingles no hablo.
Oficial: ¡Opa! Mhmmmm. Entonces… ¿Qué hace acá?
Alejandro: Vengo a reclamar mis chorizos.
Oficial: Señor, la policía está aquí para asegurarse que la justicia se imparta y para castigar al que la desconoce.
Alejandro: ¡Y eso mismo busco!
Oficial: Pero Ud. no habla ingles…
Alejandro: No
Oficial: Entonces estoy atado de manos, no hay nada que pueda hacer por usted.
Alejandro (colérico): ¡Pero aquí trascendió un choreo!
Oficial: ¿Si no habla inglés como hago para distinguirlo de un P.C.A.R?
Alejandro: ¿Un que?
Oficial: Persona de capacidad adquisitiva reducida.
Alejandro: ¿Pero no éramos todos iguales ante la ley?
Oficial (conteniendo la risa): Iguales, lo que se dice iguales (silencio). Parecidos.
Alejandro: Pero lo dice la constitución
Oficial: Si, si, somos todos iguales, lo que pasa es que algunos son un poco más iguales que otros.
Alejandro: Ya veo.
Oficial: Haga el favor de retirarse antes de que lo arreste por homicidio.
Alejandro: Si, me voy.

Alejandro camina hacia la calle con pasos lentos, dudando. En el último momento se da vuelta y grita

Alejandro: ¡Viva la revolución!

Alejandro sale corriendo de la comisaría. El oficial salta por encima del mostrador y lo persigue.

Oficial (en off): !Bang! !bang! !bang! !bang!
Alejandro (muriendo): Arrrrrrgggggggggggg.

El oficial vuelve a entrar, bañando de pies a cabeza en sangre.

Oficial: What bolud he is.

Cortina

Señora Goldberg (en off): !Gorda, los deberes!
Margarita: ¿A que fin?
Señora Goldberg: El año que viene empezás la primaria y tenés que ir habituándote a las tareas.
Margarita: Goldberg, yo termino jardín y largo.

Cortina

Último capitulo: En el que pierdo los estribos y digo algunas cosas de las que probablemente me arrepienta en unos días.

Me arrepentí

viernes, mayo 18, 2007

Adivinanza: ¿Qué es eso que no veo?

“Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis evidentes, es quizá el modo más enfático de indicarla.”
J.L. Borges

¿En que se pierde este tabaco cuando arde, que empieza gris y se diluye al invisible?
¿Contra que chocan las personas y las cosas, cuando no chocan ni con cosas ni personas?
¿Qué es celeste en la distancia inalcanzable, lejano tanto para el hombre como el ave?
¿De que montura son jinetes las palabras cuando viajan del que canta al que lo escucha?
¿Porqué los peces, como el hombre que se ahoga, morirían si en su nado lo encontraran?
¿Qué llena el pecho por efecto de un reflejo, con cada ciclo de un músculo incansable?

jueves, mayo 10, 2007

El error




lunes, mayo 07, 2007

Vegas


Buscando a Diegui


domingo, mayo 06, 2007

miércoles, mayo 02, 2007

En blanco y negro

Hombre en llamas: Volví a tener una pesadilla.
Doctor: ¿La misma de siempre?
Hombre en llamas: No, pero también tenía un banquito. Era de madera casi blanca excepto las patas, que estaban metidas en el barro. La única luz venía del hombre en llamas, que se acercaba tentativamente al banco pero retrocedía enseguida, incomodo y un poco avergonzado. Lo esquivaban dos varones, que prendian cigarrillos con sus llamas y esparcían el plástico derretido de sus zapatillas con un palo. Casi imperceptible, de un negro apenas más claro que la noche, los acechaba un árbol terrible, que se sacudía apenas, a pesar del desmesurado viento.
Doctor: Un hombre en llamas. ¿Y no sentía dolor?
Hombre en llamas: No, pero realmente quería sentarse y alguna fuerza extraña se lo impide. Es una especie de dolor, supongo.
Doctor: Por favor, ahorrase las suposiciones. Acá estoy yo para interpretar, Ud. limítese a contar, seca y objetivamente, lo que soñó.
Hombre en llamas: Después soñé una confusión entre dos hombres que armaban un reloj enorme en una torre. Uno le pidió al otro que le pase un phillips, y el otro le prendió un cigarrillo. El primero estalla en carcajadas. El otro, confundido, se ríe nerviosamente. Nunca comprenderá su error.
Doctor: ¿Lo que en realidad quería era un destornillador?
Hombre en llamas: ¿Qué destornillador?
Doctor: Un phillips
Hombre en llamas: No comprendo ¿Es una marca de destornilladores?
Doctor: Es un tipo de destornilladores, para tornillos de estrella. Pero Ud. tiene que saber esto. ¿De que otra manera explica el sueño?
Hombre en llamas: Pero entonces… ¡Claro! La confusión consiste en que uno de los hombres pide un destornillados phillips y recibe un phillip morris. Ya veo la gracia.
Doctor: ¿Cómo puede ser que haya soñado un juego de palabras que incluye una acepción que desconoce? Es imposible.
Hombre en llamas: Al menos que el sueño fuera de otra persona.
Doctor: Incluso las palabras que utilizó para contar el sueño demuestran que Ud. entendía. ¿Por qué otro motivo hubiera dicho que se trataba de una confusión? Para un hombre que no conoce los destornilladores phillips, el sueño sería absurdo, como los sueños generalmente son. Además, usted mencionó que el hombre que ofrece el cigarrillo nunca comprenderá su error. ¿A que error se refería?
Hombre en llamas: Me ha descubierto, Doctor. No soné nada de lo que he dicho. Pero yo realmente no sabía lo de los destornilladores.
Doctor: ¿De donde sacó esa historia, entonces?
Hombre en llamas: La vi ocurrir hace un instante.
Doctor: Imposible. ¿Dónde?
Hombre en llamas: Usted soñó tres sueños esta noche. Yo estaba en el primero. El segundo lo vi ocurrir mientras lo esperaba en este diván. Sentado. Y este último acaba con esa ambulancia que se acerca. Escuche esa sirena. Está sugestionada por su despertador. Buenos días, Doctor.

domingo, abril 29, 2007

Cocina afrodisiaca (Otra conversación sensiblera)

Matías: Te advierto para que después no te quejes: en quince segundos te voy a tocar el culo. Y no va a ser una caricia cotidiana, de esas a las que te tengo acostumbrada, te voy a agarrar un cachete con fuerza y te va a doler un poquito incluso.
Clara: Tengo un cuchillo.
Matías: ¿Pero estás dispuesta a usarlo?
Clara: Pffff, ¿Ante semejante amenaza? Sabés que tengo la cola sensible. Te aseguro que si te atreves, voy a encontrar vaina para mi facón.
Matías: ¿Me clavarías un cuchillo sucio? ¿Me harías eso a mí?
Clara: Yo lo único que digo es que voy a seguir cortando esta cebolla como si no hubieras dicho nada, voy a hacer caso omiso a tu estúpida advertencia, pero si me llegás a hacer doler, te clavo.
Matías: Cinco, cuatro, tres…
Clara: No te atrevas…
Matías: Uno, cero.
Clara: No me dolió.
Matías: Mentirosa. Te sarandié todo el orto
Clara: Tocas culos como una nena.
Matías: Te la estás buscando.
Clara: ¿Porqué no te hace útil y cortás un tomate?
Matías: Hay una sola tabla
Clara: Cortá sobre la mesada.
Matías: ¿Y quien se va a ocupar de tocarte la cola?
Clara: Bueno. Pero más suave que me dolió un poco.
Matías: ¡Ah! Pisaste tu propio palito. Te había dolido.
Clara: ¡Rascame la espalda!
Matías: ¿Acá?
Clara: Más arriba… ¡ahí! Con las uñas. Ahora el otro lado.
Matías: ¡Epa! ¿Toda esa cebolla le vas a poner?
Clara: Me zarpé ¿No?
Matías: Si, es mucha cebolla.
Clara: Bueno, cortáte varios tomates y queda para mañana.
Matías: ¿Y si no hay mañana? ¿Y si este día es el último?
Clara: Va a haber
Matías: ¿Cómo sabés?
Clara: Por inducción. Ayer hubo.
Matías: ¿Y te vas a basar en ese hecho aislado?
Clara: Cortá más finito, esos pedazos son más grandes que el tomate. Y confiá en mi, no sólo va a haber un mañana sino que va a haber una ensalada de tomate y cebolla en ese mañana.
Matías: No llores, cosita. Era un chiste, va a haber un mañana. No te preocupes, acá estoy yo para cuidarte, princesa.
Clara: Es la cebolla, princi-puto
Matías: Vos lo pediste
Clara: ¡Ay, imbécil!
Matías: Bajá el cuchillo
Clara: Yo te avisé. Ahora tengo que matarte.
Matías: Dale, me vas a cortar en serio, recién me lo pasaste al lado del ojo.
Clara: ¡Mirá! me dejaste todo el culo rojo, estúpido.
Matías: Te pasa por cocinar en pelotas. No me pude resistir.
Clara: Es mi casa, yo cocino como quiero. Vos sos el que está en falta, todo de corbata y con olor a oficina.
Matías se desviste. Una cosa lleva a la otra.

jueves, abril 26, 2007

Yippee-ki-yay

Matías: ¿Sabés que me gusta?
Clara: ¿Qué?
Matías: Las ventanas en el cine.
Clara: No hay ventanas en el cine.
Matías: Las ventanas en las películas. Cuando veo una ventana en la pantalla.
Clara: ¿Por qué?
Matías: Porque entro al cine y pago mi entrada ¿No?
Clara: Si.
Matías: Y me dan un papelito que es un contrato implícito. Estoy pagando para que me mientan. Estoy yendo a sentarme durante un rato a ver una mentira interesante.
Clara: Interesante si tenés suerte.
Matías: Claro, pero nadie filma algo si no le interesa, asi que, en terminos generales, pago para ver un mentira interesante.
Clara: Al menos que te colés, ahí no estarías pagando.
Matías: ¿Clara?
Clara: ¿Que?
Matías: ¿Me dejás terminar de decir lo de las ventanas?
Clara: Si.
Matías: Pago para creerme lo que pasa en la pantalla: Un rectángulo recortado en una pared, en el que me muestran un pedazo de mundo. Y aunque no esté pensando en eso durante la película, sino en la trama o en el maquillaje o en el vestuario o en la actuación; en la parte de atrás de mi cerebro, siempre está ese contrato presente. Y, de repente, aparece una ventana. Y me pregunto: ¿Qué es una ventana? Y me respondo: Es un rectángulo recortado en una pared que me muestra un pedazo de mundo.
Clara: ¡Oh!
Matías: Claro que ¡Oh!
Clara: La puesta en abismo.
Matias: La serpiente que se come su cola.
Clara: Escher.
Matías: El telescopio.
Clara: ¿Qué telescopio?
Matías: Esos que usaban los corasios, que era un cilindro del que salía uno más chiquito y de ese salía uno más chiquito etcétera.
Clara: Ah, el de los piratas.
Matías: Eso.
Clara: A mi me gusta cuando el cine habla del cine. Es parecido.
Matías: Si, a mi también me gusta. Pero es distinto, es explicito, cuando ves una cámara de cine en la pantalla, tenés que hacerte cargo, tenés que faltar a tu contrato. La ventana es sutil, te lo plantea ambiguamente.
Clara: Que incomodo.
Matías: ¿Qué cosa?
Clara: Tu codo, me lo estás clavando en la espalda.
Matías: Uy, perdón. Lo que digo es que cuando miras ocho y medio, estas todo el tiempo sentado en la butaca. En cambio, cuando miras duro de matar, estás ahí, con John McClane, matando terroristas.
Clara: Que buena Duro de matar, me la re vería ahora.
Matías: ¿La alquilamos?
Clara: Ya cerró el video.
Matías: Ni en pedo, son las nueve.
Clara: ¿Recién? !Alquilemos las tres juntas!
Matías: No. Alquilemos la uno y otra distinta.
Clara: ¿Cuál?
Matias: No se.
Clara: ¿Ocho y medio?
Matías: Dale.

viernes, abril 13, 2007

Agua

Yang Mao Tai era considerado un vago por todas las personas del pueblo. Pero la verdad es que era un trabajador incansable, lo cual hubiera sido evidente para cualquiera que lo viera trabajar. Se había ganado aquella fama porque, en vez de bajar al río con los demás a rezar para que no hubiera sequía, lo hacia frente a un balde de agua. Un día, su hija, Yang Ken nuan, le recriminó esta actitud, diciéndole que por su culpa ella tenía que sufrir las burlas de los vecinos. Yang Mao Tai le limpió delicadamente una de las lágrimas mientras sonreía extasiado. Con muchísimo cuidado, apoyó la lágrima sobre una hoja de bambú, y, sin dejar de sonreír un instante, llevó a cabo los rezos tradicionales.

Nos quedamos solos

Se murió Kurt Vonnegut, enormisimo cronopio, dejando un vacio más grande que el mundo.
"When you are dead, you are dead" K.V.

sábado, abril 07, 2007

Cuento contado

Yo conozco 1 que cada 2 por 3 va en la 4 por 4 a la quinta.

miércoles, abril 04, 2007

Incompatibilidad de caracteres

Vayamos al pasaje que está cerca de la plaza, Genaro. Seguramente se encuentren ahí los borrachos y podremos reírnos un poco de ellos. Nos subiremos a algún árbol y les tiraremos los frutos en la cabeza. Intentaremos que no nos vean, de esa manera pensarán que el agresor está entre ellos, y tal vez podamos verlos pelear. Tú, Genaro, estarás de un lado, yo del otro. Ya puedo verlos, sentados en las escaleras al lado del hotel América, pasándose una bota de vino. Los dos robustos árboles a cada lado presentan un follaje abundante en esta época, ideal para nuestro fin. Me pregunto si podremos alcanzarlos sin ser vistos.

Laura, que idea grandiosa. Pero olvidas que estamos en un sótano sin ventanas y sin luz. Tenemos gruesas cintas de cuero inmovilizándonos, atándonos irremediablemente a está fría pared de cemento. Olvidas que hace meses que lo único que comemos es la sopa hirviendo que nos tiran dos veces al día por una escotilla en el techo. Y que nos han arrancado la piel de los pies para que no podamos caminar.

Nos quedaremos. Desarmaremos aquel escritorio que vino por partes en una caja. Entonces haremos una pira y arrojaremos también la caja y unos libros. Miraremos largo rato el mueble ardiendo, Genaro. Tú tirarás los fósforos y por unos segundos podremos distinguir la llama pequeña pero furiosa de los fósforos entre las enormes algas amarillas que producirá la madera encendida.

Ya quisiera, Laura, pero mira aquellas escultura de huesos que asoman del camposanto. Esos son nuestros cuerpos, lo que queda de ellos. Una víbora tiene su nido en tu calavera hueca, que el sol ha blanqueado y astillado en mil partes. Nuestras costillas se han entrecruzado por obra de algún animal o un viento fuerte, y somos como una cadena de sólo dos eslabones. Mira los buitres, que satisfechos se los ve. Sus pérfidos picos parecen sonreír mientras chorrean eternamente nuestra sangre.

Entonces acércame aquel mazo de cartas. Escribiremos sobre ellas las capitales del mundo. Tu, Genaro, sacarás una al azar, e iremos donde nos diga. Si hace frió tejeremos incansablemente, coseremos las sabanas entre si para armar una carpa enorme, reforzaremos nuestras medias con retazos de pañuelos viejos. Si hace calor construiremos un canal que nos traiga el agua del lago, tomaremos cerveza con hielo, apoyaremos piedras mojadas en nuestras muñecas.

Laura, no comprendes. Tú y yo no somos. O si algo somos, es lo opuesto de las migas de pan, de los edificios, de la música, de los bastones y de todas las cosas que son algo. No podemos ni siguiera desplazar una partícula de aire o decir estas palabras. No podemos oler el tabaco que fumamos sin cesar ni tampoco elegir entre dos o más opciones. Tú no eres, Laura, y yo soy lo mismo.

Vayamos al puerto. Llevaremos tu viejo remo y buscaremos quien lo arregle. Tu, Genaro, me guiarás por una calle sin salida, hasta un pequeño negocio que se cae a pedazos. Un viejo diminuto inspeccionará el remo a través de gruesos anteojos y nos dirá que no tiene arreglo. Entonces yo le preguntaré si tiene remos para vendernos, y el abrirá un armario viejísimo lleno de remos en diferentes estados de rotura o descomposición. Elegiremos el que nos parezca más sano y saldremos de ahí en dirección al agua.

Sueñas, Laura. Este puro presente es anterior al tiempo. Y porque el tiempo aún no existe, lo esperaremos para siempre sin que ni los segundos ni los días no acerquen a los minutos y los años. Antes, después, mañana y ayer, son exactamente ahora: una única fracción de un instante que no existe como tal, sino que es la ausencia de otra cosa. Una cosa con agujas y con números. Un efecto secundario del espacio.

lunes, abril 02, 2007

Roger en apuros

Un establo con un escritorio y un archivador beige a la izquierda. Sentado sobre el escritorio está Roger. Daisy está parada frente a el.

Roger: Qué se yo qué sentí, Daisy. Soy de los que en el momento no sienten más que una molestia y después se enferman durante un par de semanas. Siempre fui así. Somatizo.
Daisy: Bueno. Describila entonces. Físicamente.
Roger: Tampoco dice mucho. Es una celda, como en las películas. Tres por tres, una cama, una mesa. … Una ventana demasiado alta.
Daisy: Contame vos.
Roger: No... No es que no quiera hablar del tema, pero vas a tener que luchar contra mi resistencia. Sacarme a cuentagotas lo no quiero escucharme decir en voz alta.
Daisy: Bueno. Dejame pensar.

Silencio

Daisy: Tengo una buena. ¿Sentiste su presencia de alguna manera? ¿Viste su fantasma? ¿Escuchaste alguna voz de ultratumba?
Roger: Ufff.
Daisy: ¿Di en el blanco?
Roger: Si.
Daisy: Tranquilo.

Silencio

Roger: Justo abajo de la ventana. Un poema borroso escrito con su letra, que es tan parecida a la mía que da miedo.
Daisy: ¿Que decia?
Roger: Tomá.

Roger saca un papel doblado en cuatro de su bolsillo y se lo ofrece a Daisy. Escuchamos la voz de Daisy leyendo el poema, pero son sus pensamientos. Ella lee en silencio y sin mover los labios.

Daisy:

Los codos fijos, tablas que se agudan
Una única mirada para los dos ojos
El abdomen: un calambre de plástico
Dientes sin anestesia
Los dedos son diez uñas de carne
Las arterias infestadas de hongos
Lengua de esponja y sal
Pulmones de poker
Una espiral en la frente, adentro
Huesos que son huesos de los huesos
Un solo pelo, que tiene raíz en las dos puntas
La saliva de los otros
Cuernos por omoplatos: el aborto de las alas
Piel que es la braza de una aguja
Orejas que hablan otro idioma
Un ombligo desplazado
La nariz apuntando, claro está, al nornoroeste

Silencio

Roger: En esa prisión estaba el. Si en vez de la cárcel hubieran sido las islas canarias, hubiese escrito el mismo poema en la arena.
Daisy: Contame. Por favor. Contame que hizo. Y te juro que esta es la última vez que te pido. Y si elegís no contarme esta vez, nunca más voy a preguntar.
Roger: Preguntame en unos años.
Daisy: Ahora.
Roger: Nunca.

Silencio largo

Daisy: Me dejó toda su plata.

Silencio Largo
Daisy: Te quiero regalar una moto.
Roger: ¿Toda su plata?
Daisy: Toda.
Roger: ¿Una moto?
Daisy: Te podés ir lejos. Alejarte de esta granja llena de fantasmas. No, es peor, no está llena de fantasmas, está llena de un solo fantasma enorme. Debiéramos cambiarle el nombre. “La granja para no rehabilitarse de la perdición y muerte del Sr. Robinson” ¿Qué tal ese nombre? ¿Mejor que Robin & son?
Roger: ¿Sos multimillonaria?
Daisy: Es ridiculo. Uso un fangote de billetes de mil dolares para nivelar el banquito de la cocina.
Roger: ¿Por qué te lo dejó a vos?
Daisy: Pensaba que a vos te iba a hacer mal. Yo estoy de acuerdo.
Roger: Hmm.
Daisy: Vamos a las islas canarias. Compramos dos casas en un mismo barrio y nos cruzamos a pedirnos tacitas de azúcar.
Roger: Pasame el poema que no lo quiero perder.
Daisy: Perdamoslo. O por lo menos no hagamos copias.
Roger: ¿Estas loca? ¿Qué va a hacer, olvidarte de el?
Daisy: No. Voy a elegir con que parte de su vida quedarme. ¿Qué? ¿No poder nunca más sonreír cuando pienso en el? ¿Siempre cargar con su estigma en vez de con la magia cotidiana que era solamente hablarle? ¿Vas a quedarte con ese desangrarse por el filo de su propia sangre? Yo lo voy a ver siempre con un segundo champagne en la mano, ese momento en el que salía lo mejor. Cuando contaba historias en la que vos habías estado, pero contaba detalles increibles que no habías visto, o agregaba pensamientos que convertían anécdotas neutras en aventuras extraordinarias. No se que tenés. No se porqué viajas tres mil kilómetros para ver una celda de mierda. No se si es que te gusta regodearte en esa mierda de mierda.
Roger: Preguntame de nuevo.
Daisy: ¿Qué?
Roger: Preguntame qué hizo para que lo metieran preso.
Daisy: ¿Que hizo?
Roger: Nada. Fui yo.
Daisy: ¿Qué?
Roger: La tarde que se lo llevaron. Cuando se escaparon tus gallinas. Maté a una con una horquilla.

Mientras roger habla, Daisy se aleja lentamente de el, cubriendose la boca con las manos.

Roger: No se que me pasó. Sentí el peso y sentí que era el tridente del diablo. Me lo acuerdo nublado, como si lo hubiera soñado. Lo tiré y lo próximo que me acuerdo es que el Sr. Robinson metía el cadáver en una caja. Cuando llegó la policía yo temblaba en el suelo de la cocina mientras el hacía una falsa confesión.
Daisy: Roger, ¿Porqué?
Roger: No se.
Daisy: Mataste al Sr. Robinson.

Silencio

Daisy: Roger.
Roger: No se.

Silencio largo. Daisy se acerca muy despacio a Roger. Roger tiene la cabeza entre los hombros. Daisy lo abraza. Sus manos en la espalda de Roger son dos puños cerrados. Lo abraza un largo tiempo. Empieza a dales suaves golpes. De a poco, los golpes se tornan cada vez más fuertes. Roger los resiste sin quejarse ni moverse. Daisy lo golpea con toda su fuerza mientras lucha por zafarse de su abrazo.

domingo, marzo 25, 2007

20Q

Es un juego. Les recomiendo que no elijan palabras muy complicadas.

miércoles, marzo 21, 2007

Tres patitos

Marita se volvió a mirar en el espejo, admirando el Kimono nuevo que le había regalado su nieto para su cumpleaños. Reflejada en el espejo, vio su vieja bata colgando con las toallas. La tela transparente por el uso y los bolsillos descocidos, le parecieron ahora inadmisibles. Le dedicó una fugaz mirada de desprecio y salió del baño.

Jeremías, mi ayudante en este caso, opina que el kimono debe ser secuestrado y analizado, considerando el papel importante que jugó en el asunto. Me parece una medida prudente, pero dudo que se encuentre ahí la falla, el kimono, en mi opinión, es exactamente lo que parece ser.

En la cocina, Marita empezó su antiguo ritual del desayuno. Llenó primero la pava, silbando bajito y mirando por la ventana a dos perros que se olían mutuamente. La hembra llevaba un collar con su nombre y el número de teléfono de sus dueños.

El teléfono termina en el número 222, que ha aparecido en varias otras fallas, y que también es el número exacto de fósforos que había originalmente en la caja. Hace tiempo ya que estamos llevando a cabo un esfuerzo inter-departamental para desentrañar las características de este numero.

Cuando Marita estiró la mano para agarrar la yerba, una de las anchas mangas del kimono empujó la caja al piso, esparciendo los fósforos por el suelo. Entonces ocurrió.
Marita tuvo el primer impulso de agacharse a juntarlos, pero enseguida se detuvo. Sus pensamientos se volvieron repentinamente confusos y difíciles de leer, pero Marita se estaba diciendo lo evidente: La cantidad de fósforos que había en el piso no podían caber en esa caja.

El conteo exacto que hizo Jeremías es de 731, lo cual implica una materialización de 509 fósforos. Al ser un número primo, consultamos con ese departamento, pero la respuesta no fue alentadora. El 509 es un número muy bajo para causar problemas.

Marita llenó rápidamente la caja hasta su capacidad y después se paró largo rato con los brazos un poco abiertos, mirando los fósforos desordenados, esperando que hicieran algo. Pensó que nadie le creería y sintió miedo. Se mordió el labio en un gesto nervioso que hace años que no hacía, y corrió hacia el teléfono de la sala. Llamó a la casa de su hijo.

No pretendo convertir este informe en una queja a la burocracia de la institución ni quiero usarlo para hacer política, pero debo hacer notar en este punto que sólo se me ha dado acceso a la parte de la conversación en que habló Marita, por lo cual mis observaciones sufren considerablemente.

Marita: Hola Nico, soy la abuela, pásame con papi, mi amor… ¿Lautaro? Soy mamá, no se que pasa, no se si me estoy volviendo loca. Se me cayeron los fósforos en la cocina y de repente se multiplicaron. Hay como tres veces la cantidad que había… Ya se que no puede ser, ya se, Lautaro… ¡Pero no! No había otra caja. Ayer compré porque no tenía más y ni los había usado todavía… Lautaro, creeme… ¿Cómo que no es grave, Lautaro? ¿Y si es una señal? ¿Y si es tu papá, que me está tratando de decir algo?

Bartolo, el hombre al que se refiere Marita, murió hace seis años y se encuentra actualmente en el bloque 1BG, en el cual aseguran que no escapó nadie el día en cuestión. Bartolo dice haber estado en el cuarto azul a esa hora, y varias personas han confirmado este dato. No descarto su posible participación mediante un tercero que lo asistiera.

Marita: Lautaro, vení a mirarlo por favor, no toqué nada, metí unos fósforos en la caja nada más, los otros están ahí, vení que no quiero estar sola en esta casa. Tengo miedo, Lautaro. Te pido que me creas… Gracias.

Cortó el teléfono exactamente en el mismo momento en que uno de los revisores sonó la alarma. Enseguida el transportador de guardia le inyectó las coordenadas a un limpiador, que estuvo en la escena apenas unos instantes. Escuchó los pasos de Marita acercándose a la cocina y sólo tuvo tiempo de llevarse los fósforos esparcidos en el suelo. En la caja quedaron 253 fósforos, ya que Marita había metido en ella más de los que había en un principio.

Marita entró a la cocina muy lentamente y trastabilló. Mareada por la nueva irregularidad, trató de apoyarse en la mesa, pero hizo un mal cálculo y cayó golpeándose la cabeza contra la punta de una silla, muriendo instantáneamente.

En este momento Marita se encuentra en trámite. Cuando se le haya asignado su sector, se le harán los análisis pertinentes. Hasta entonces, sería en vano conjeturar seriamente sobre las causas de la falla, que por lo demás no ha traído consecuencias serias en lo que se refiere a la Pantalla de Conciencia Humana.

lunes, marzo 19, 2007

BTB

Sobre el escenario hay una cuadricula de cubículos hechos de paredes apenas más sólidas que cartón. Cada cubículo tiene un escritorio, una computadora, un tacho de basura y una persona. Diego está en el cubículo del centro, y es el único que recibe una luz directa. El resto está casi en penumbras. Javier entra y se apoya en el escritorio de Diego. Javier es negro.

Javier: ¿Hiciste la V.T.V.?
Diego: ¿Lo que?
Javier: La V.T.V.
Diego: No se que es eso.
Javier: La verificación técnica vehicular.
Diego: Ah, entendí vetevé.
Javier: Eso dije.
Diego: No, pero yo entendí ve, e, te, e, ve, e.
Javier: Son siglas.
Diego: Si, ahora me doy cuenta, Javier. Pensé que era una palabra que no conocía, tipo benteveo, pero sin la “o”.
Javier: No, V.T.V.
Diego: Y sin la “ene”.
Javier: ¿Qué?
Diego: Benteveo, tiene una “o” y una “ene” más que vetevé.
Javier: Y es con “be” larga.
Diego: No, es con ve corta.
Javier: ¿Seguro?
Diego: Cien por ciento.
Javier: ¿La hiciste o no?
Diego: ¿La verificación?
Javier: Si
Diego: No te la piden.
Javier: Si te la piden. Por eso te estoy diciendo que la hagas. A Diego se la pidieron y no la tenía, y le sacaron el auto.
Diego: Yo soy Diego.
Javier: Perdón, ¿Diego dije? Dani.
Diego: ¿Y vos decís que mi catramina lo pasa?
Javier: No se, pero si te agarran te sacan el coche.
Diego: Casi que me harían un favor. ¿Che, vos tenés mi engrapadora?
Javier: No. Yo no engrapo, uso clips.
Diego ¿Y donde mierda está? Este lugar es increíble, te das vuelta un segundo…
Javier: Bueno, hacela, no seas boludo, que después te lo confiscan.
Diego: …manga de chorros, hace dos segundos estaba acá…

Javier se va, y Diego sigue buscando inútilmente en los cajones. Entra Ramón con muchos papeles en las manos. Diego está agachado y no lo ve. Se levanta justo cuando termina de pasar.

Diego: ¡Ramón! Vení un segundito.
Ramón: Hola, Diego, no te vi, por eso no te saludé, seguro que estabas buscando algo en un cajón y no te vi. Te hubiera saludado si te hubiera visto.
Diego: Todo bien, Titán, no te hagás problema. Decime un cosita, ¿no habrás visto mi engrapadora?
Ramón: No, pero tengo que decír que técnicamente es la engrapadora de la empresa, el determinante posesivo “mi” es incorrecto.
Diego: Bueeeeeno, lo digo así como quien dice. ¿No la viste entonces? Es roja.
Ramón: No, Diego, no vi la engrapadora roja.

Ramón se empieza a ir.

Diego: Pará, pará un segundito, ¿Vos sabés que es un benteveo? ¿Es un pájaro, no?
Ramón: Es un ave de unos 25 cm de largo, de color pardo oliváceo en la región dorsal, con el pecho y vientre amarillos y la cabeza negra con una ancha ceja blanca; el silbido del benteveo, agudo y prolongado, da origen a su nombre.
Diego: ¡Tomá pa vos y dale a Braulio! ¿Qué sos, observador de aves?
Ramón: El término es ornitólogo, y no, no soy un ornitólogo acreditado, soy sólo un aficionado.
Diego: ¿Pero que, te aprendiste la definición de una enciclopedia?
Ramón: Diego, tengo que trabajar y no quiero ser maleducado, vos siempre me trataste bien y nunca me molestase, y yo se que no sos vos el que me pone plasticola en la silla, pero tengo que terminar esta conversación porque tengo que trabajar y me tengo que ir a las seis hoy porque tengo que ir a una reunión de el club de radioaficionados.
Diego: Vaya nomás.
Ramón: Adiós, Diego, hablamos en otro momento.
Diego: Chau Ramón.

Ramón se va, y Diego lo mira irse, atontado por el encuentro. Después de unos segundos, retoma la búsqueda. Entra Delfina.

Delfina: ¿Que buscás?

Diego se asusta y levanta rápido la cabeza, golpeándose contra el escritorio.

Diego: ¿Viste mi engrapadora?
Delfina: Si, ¿es roja?
Diego: ¡Si!
Delfina: La tiene Javier
Diego: Hijo de puta, me hizo todo el chamullo de la V.T.V. para afanarme la engrapadora.
Delfina: ¿Querés que te preste la mía?
Diego: Gracias, Delfi, pero esto es personal. Acá va a correr sangre de negro.
Delfina: ¿Qué es la vetevé?
Diego: Son siglas.
Delfina: ¿Qué significan?
Diego: ¿Qué significan? Yo te voy a decir que significan: Voy a Torturar a ese Boludo. Eso significan.
Delfina: Che, después de trabajar vamos a ir a Tamarindo con las chicas a tomarnos algo. Venganse.
Diego: ¿A quiénes te referís con “venganse”?
Delfina: No se, vos, Javi, Dani, los que sean.
Diego: Javier va a estar muerto, le voy a hacer tragar una engrapadora.
Delfina: Bueno, vos y Dani.
Diego: Dale.
Delfina: Bueno, nos vemos.
Diego: ¿Si lo ves a Javier le podés decir que es un negro de mierda?
Delfina: No. Y aflojá un poco con el racismo, ¿Querés?
Diego (avergonzado): Lo decía como quien dice.

jueves, marzo 01, 2007

Drama personal

Dramatis Personae

Margarita
La señora Goldberg: Madre de Margarita
Kiosquera: La que vende

Primer y unico acto

La señora Goldberg compra cigarrillos en un Kiosco.

Sra. Goldberg: Y dame un Jorgito para que le lleve a Margarita, que se pasa el día escuchando la radio y se olvida de comer.
Kiosquera: Que rica es la nena tuya. Mofletuda y con esas pequitas en la nariz.
Sra. Goldberg: No sabés como lee. A la mañana le lee el diario a mi marido. Se traba, pero lee las noticias desde el titulo hasta el final.
Kiosquera: Que ricura.
Sra. Goldberg: Bueno, te dejo que la dejé sola en el jardín.

La Sra. Goldberg empieza a caminar hacia la derecha, pero en el suelo hay una cinta para caminar, y se queda siempre en la mitad del escenario. El Kiosco, que está sobre ruedas, desaparece para la izquierda, dando la impresión que estamos siguiendo a la Sra. Goldberg con una cámara. Por la derecha aparece el arenero con Margarita adentro. Alrededor suyo hay varios muñecos, un metegol chico y una radio. Margarita escucha con el estetoscopio el corazón de su muñeco Ken.

Margarita: Tome quince de estas y llámeme a la mañana si todavía no le crecieron los genitales.
Sra. Goldberg: ¿A que jugás, mi amor?
Margarita: A que soy una abogada que se hace pasar por doctora para encontrar personas con lesiones laborales y convencerlos de ir a juicio.
Sra. Goldberg: ¡Gorda! ¡Mirá como tenés el vestido lleno de barro!
Margarita: Vicisitudes de la vida infantil.
Sra. Goldberg: ¡Si! Vicisitudes es que me tengas todo el día lavándote la ropa. Veni acá, te traje un Jorgito.

Margarita se levanta agarra el alfajor y se da vuelta para volver al arenero.

Sra. Goldberg: ¡Ah! Vení acá y dale un beso a mami.

Margarita se acerca a su madre y le da un beso en la frente.

Sra Goldberg: Me voy a dar un baño de inmersión y hacer unos sudokus.

Se retira.

Margarita agarra dos playmobil y el metegol y juega a que los playmobil son amigo que se encuentran después de muchos años. Margarita hace las voces de ambos. Esta es la escena que se desarrolla entre ellos.

Dramatis Personae

Cornelius Woolley: Amigo de la infancia de Hernan
Hernan: Amigo de la infancia de Cornelius Woolley

Cornelius y Hernan se encuentran en la fila para entrar a la cancha de San Lorenzo.

Cornelius: Te veo y no lo creo. ¿Qué haces, hijo de puta?

Se abrazan largamente.

Hernán: Sr. Cornelius Woolley, años hace que no tengo el agrado de verlo. ¿Se encuentra bien, espero?
Cornelius: No digas boludeces, si estoy hecho poronga. Pero contame, ¿Que cagadas te estuviste mandando? ¿Fuiste preso por chorro y te llenaron el cagadero de leche? ¿O te hiciste físicoculturista y no se nota una mierda?
Hernán: Tengo una pequeña pero sana empresa de software. Dígame, mi estimado amigo, ¿Qué problema lo tiene a maltraer?
Cornelius: La muy chupaconcha de mi ex mujer. La hijadeputa me sacó la plata y los chicos, y me puse a escabiar como la san puta y terminé hecho este adefesio impresentable con olor a mierda de camello. No tengo un puto peso partido a la conchuda mitad.
Hernán: Tal vez yo pueda asistirlo en algo, Sr. Cornelius. Mi humilde emprendimiento está creciendo, y siempre hacen falta programadores, ¿Usted…
Cornelius: ¿Me estás jodiendo? Yo sueño en putos ceros y unos. Hace unos años hice un master del recarajo en Guatemala.
Hernán: ¡Portentoso!

Una larga pausa de profundos pensamientos

Hernán: Como en los viejos tiempos
Cornelius: Pucha, carai

Cortina

Margarita: Uy, me entró todo tipo de arena en el ojo.
Margarita: A ver, dejame ver.
Margarita: No, salí que tenés los dedos llenos de arena.
Margarita: No te toco, te soplo.
Margarita: No, lo que tengo que hacer es dejar que el ojo llore un rato y se va a ir sola.
Margarita: Bueno, es tu ojo… Para mí que se infecta y te lo tenemos que sacar con un sacacorchos oxidado remojado en kerosén.
Sra. Goldberg (Desde afuera del escenario): ¿Estás hablando sola mi amor?
Margarita: No, es la radio.
Sra. Goldberg: Gorda, andá a cambiarte que en un rato prendemos las velas de Sabbath.
Margarita: Dios ha muerto, Goldberg, y a mi, personalmente, me parece cojonudo.

Cortina

domingo, febrero 18, 2007

Los dedos de un piano

Cuando Natasha terminó de hablar en la plaza, se hizo evidente que debíamos irnos. El tiempo era un factor. Una maniobra fantasma para despistar, las alcantarillas, un trote rápido hasta la casa, y no pusimos a empacar. Dada la multitud enojada que se agolpaba en la puerta, decidimos viajar ligeros. Cada uno podía llevarse tres cosas. Tantas cosas había que queríamos llevar, que tardamos algunos meses en decidirnos. Acá, nuestra selección:

Natasha:

1) Un copetín a medio comer. Sardinas (3) Salame picado fino (25 Kg) aceitunas (2 mas o menos).
2) Un cubano bastante amigable.
3) Un picador que está buenisimo como pica y además es muy flashero porque tiene un dibujo re chino en la parte de arriba, y en la parte de abajo, nada que ver, tiene un árbol muy limado que tiene un montón de fruta medio loca. La verdad, una masa que Natasha lo haya agarrado porque si no lo hubiera metido en mi lista, y hubiera tenido una cosa menos para elegir.

ernesto:

1) Las lamparitas de bajo consumo, el tabaco de pipa, las monedas de cinco, el timbre de la casa, la misión secreta, las botas de piel de serpiente, las dos cuchillas de una tijera, la campana, un salero con forma de hongo, las tres ultimas paginas, la cara mojada de una piedra, los cinco mares, un llavero, el mejor maletín que el dinero puede comprar, otra adivinanza, un agujero en el cuerpo, una de las primeras fiestas, este humo, un cuarto reflejado en un vaso de sprite, una serpiente hecha de botas, los dedos de un piano, la esgrima como disciplina olímpica, la ultima semana de ayuno.
2) Su gomera.
3) Un bolígrafo estropeado.

Yo:

1) Mi ulcera.
2) Enumeraciones inconexas.
3) El capitulo que Homero va al espacio.

miércoles, febrero 07, 2007

Verano



lunes, febrero 05, 2007

La espina

El polvo en las calles es suficiente para mantener a la gente en sus casas, pero a esto se suma que todos en el pueblo saben que habrá sangre en las calles. Por eso el sherif cruza solo la calle hacia la imprenta, sosteniendo un periódico en una mano. Hace pocos minutos mató un pequeño ratón con la espuela y el animal aun está clavado a los filosos pinches. Los intestinos del ratón obstruyen el mecanismo impidiendo que la ruedita gire. El viento es ensordecedor y casi no puede verse nada por el polvo.
El sherif entra y cierra la puerta. Sentado ante una mesa lo espera el editor del diario con una botella de aguardiente en una de sus garras. No hay nadie más, todos huyeron a sus casas.

Editor: Grrrr. Veo que trajo su propia copia.
Sherif: Vengo a matarlo.
Editor: Bien sabe que lo se. Y también sabe que al no tener pulgares, no puedo sostener una pistola. Pero yo también tengo un arma: dos sillas y una botella de agua ardiente. Sientese un momento, sherif, me matará después de una copa.
Sherif: Te mataré cuando me de la gana.
Editor: GRRRrrrr.
Sherif: …Una copa, gatito. A tu memoria.

El sherif avanza en dos grandes pasos hasta la silla vacía. El editor escucha el cascabeleo de una espuela, pero el otro paso sólo hace ruido a madera. Mira para abajo, y ve el ratón muerto. Imágenes de cacería se cruzan por su mente. El sherif se sienta, se sirve en un vaso y sirve un poco en un plato hondo para el editor.

Sherif: Eres un fastidio, me has costado más de lo que crees.
Editor: Sólo dije la verdad
Sherif: Cuando te mate todo volverá a la normalidad. Ya no habrá más valientes. No lograste nada y ahora estas muerto.
Editor: No estoy muerto, estoy aburrido.

El sherif se levanta y apoya la punta de su arma contra la enorme cabeza del editor.

Sherif: Adios, Androcles, salúdame a tu hermano en el infierno.
Editor: Tiene un ratón muerto en la espuela.

Dos horas más tarde…

Androcles: …logrando un nuevo y mejor orden.
Sherif: Nunca lo había visto de esa manera. Desde mañana dedicaré a la justicia y la paz, la misma energía que he desperdiciado en el saqueo y la muerte. Gracias, Androcles.

lunes, enero 15, 2007

Roger sale de apuros

Primer y único acto

La escenografia es la de un establo, con una pila de paja a la derecha con un tridente clavado en la punta. A la izquierda hay unas pocas gallinas y un contador. El contador es Roger, y está sentado en un escritorio lleno de papeles, un teléfono y un fax. A su derecha un archivador de metal beige. Roger fuma con los pies sobre el escritorio mientras mira una manzana.

Roger

Cónica manzana arábica, ¿Porque fumas? Tientas las maderas de las muchas mesas: podrían incendiarse. Fumas contra toda indicación de Roger. Cónica eres. Cónica y terrible. Y entre tus semillas se ve que alojas a los gusanos y que ellos te mastican. Tu brillo arábico es superficial: roja y sana por afuera pero con el corazón infestado y putrido. Y eres cónica, manzana. Imposible, imperdonablemente cónica. Difícil es creer que Roger te haya arrancado de un árbol creyéndote madura. Tu forma no es la de una manzana. Te pareces a un cono. El árbol que te engendró debe haberse nutrido de un cadáver enterrado a sus raíces. El cadáver de alguien malvado. Eres una aberración que fuma y echa las cenizas a la alfombra. ¿Por qué fumas Cónica manzana arábica? ¿Es que te preocupa que te vaya a comer? ¡Que esperanza! Así fueras el último alimento del mundo te arrojaría lejos de mí o te echaría a los perros. ¿Acaso fumas para que no vea que sonríes? ¿Tratas de ocultar que te mofas de mí? No creas que no lo noto. Eres cónica y estúpida, y me crees estúpido a mi.

Entra El Sr. Robinson. No tiene más de treinta años y se viste como un millonario.

Sr. Robinson
¡Roger!, vengo a ver si ya están listos esos números y te encuentro en esta posición despreocupada y fumando cerca de la paja. ¿Qué significa esto?

Roger
Lo siento Sr. Robinson. Sucede que me disponía a comer la manzana que traje de postre, pero me apeteció fumar un cigarrillo antes.

Sr. Robinson (sonriente)
Fuma, Roger, fuma. Yo fui joven alguna vez, ¿Sabes? Pero recuerda que necesito esos números antes de las seis.

Roger
Despreocúpese Sr. Robinson, Ya están listos, sólo me queda revisarlos.

Sr. Robinson
Estupendo. Y ten cuidado de no prender fuego a la paja con el cigarrillo.

Roger
Lo tendré.

Sale el Sr. Robinson

Roger apaga el cigarrillo en el suelo y le da un mordisco a la manzana. Pasan unos momentos y le da otro mordisco. Se levanta y camina hasta la paja, desclava el tridente y se acuesta en la paja con el tridente en la mano.

Roger
Mandinga y Neptuno también empuñan esta arma, pero a diferencia de ellos yo también soy contador. Los aventajo en eso, lo cual me hace más temible y mucho más cruel. Ahora esas gallinas sentirán mi cólera.

Se para y lanza el tridente como una jabalina, ensartando a una gallina. Las demás salen hacia el público y una le rompe los anteojos a un chico de la segunda fila.

Roger
¡Éxito!

Entra el Sr. Robinson

Sr. Robinson
¡Roger! Me voy apenas un instante y cuando regreso encuentro que has matado a una de las gallinas de la señorita Daisy, ¡Y nada menos que con mi tridente nuevo! Espero que tengas una buena explicación.

Roger
Debería haberla visto, Sr. Robinson. Temí por mi vida. Estaba picoteando a los otros animales, y cuando me acerque a detenerla, saltó e intentó arrancarme los ojos.

Sr. Robinson
¡Vamos. Roger! ¿Esperas que crea semejante historia?

Roger
Es la pura verdad, aun me late el corazón de pánico.

Sr. Robinson

¡Patrañas! Pero te ayudaré a ocultar el cadáver de cualquier manera. Yo también fui joven alguna vez, ¿sabes? Desclava ese tridente.

Roger hace como se le indica. El Sr. Robinson produce una caja de cartón de afuera del establo, y meten la gallina adentro.

Sr. Robinson
Recuerda que necesito esos números.

El Sr. Robinson se retira llevándose la caja.

Roger
El azar me hizo asesino, y ahora debo llevar mi horrible secreto. Con una despareja sonrisa de mascara, caminaré el campo interminable. ¡Culpo al arma! Sin ella no hubiera sido posible matar. Culpo a la forma y la materia, que conspiraron para crear al tridente y la gallina. Yo fui la herramienta, a mi me empuñaron las manos astutas de un plan invisible.

Entra la señorita Daisy

Daisy
Oh, Espero no molestarlo. ¿Trabajaba?

Roger
Si.

Daisy
Sólo quería buscar unos huevos, pero si es mucha molestia puedo pasar más tarde.

Roger
No es molestia alguna. Su belleza me alegra las tardes.

Daisy
Exagera usted. Pero… ¿Dónde están mis gallinas?

Roger
Huyeron, Daisy, huyeron al campo abierto.

Daisy
¡Oh, no!

Roger
Me temo que si.

Se acerca a ella en dos largos pasos y la toma de los brazos.

Roger
Ahora son libres, ¿No lo ves? Ahora vuelan libremente al sur, dejando atrás ríos, lagunas y farmacias. Ya no son simples animales, son dioses en el cielo, que velan por nosotros, que nos dan su gracia y nos regalan su belleza. ¿Acaso no puedes verlo, Daisy? ¿No sientes como si la tierra temblara, que se estremeciera con la nueva libertad de un nuevo mundo?

Daisy (hipnotizada)
Si… Si.

Roger
Y tu, Daisy, con tu avícola belleza, reinarías entre ellas.

Daisy
Ud. lo dice por decir

Roger
¡NO! ¡Lo digo como diría cualquier verdad así de evidente!. Usted sería la reina de las gallinas

Daisy
Supongo que puedo hacer la ensalada sin huevo

Roger
¡Ese es el espiritu!

Daisy se retira de espaldas, mirándolo con ojos soñadores.

Roger
Tendré que avocarme a esos números, después de todo soy un contador y estas son mis horas de trabajo. De no hacerlo, estaría faltando a mi contrato con el Sr. Robinson. Una vez que uno falta a su palabra, se torna difícil lograr que la gente vuelva a confiar en uno.

Se sienta en la mesa y mira los papeles.

Roger
…me llevo dos… más quince dan… el cinco pasa dividiendo… este ocho es negativo… ahora le resto todo al otro… ¡Que barbaridad!

Levanta el teléfono y llama.

Roger
¡Sr. Robinson! Venga por favor a mi oficina.

El Sr. Robinson entra con el teléfono en la mano y el cable estirado.

Sr. Robinson
¿Qué sucede, hijo?

Roger
La empresa quebró hace seis años.

Sr. Robinson
¡No!

Roger
Si. Es espantoso

Sr. Robinson
Y yo sin saberlo seguía ataviado como un millonario. ¡Que ridículo debo haberle parecido a la señorita Daisy!

Roger
Ella no lo sabe aun. Acabo de descubrirlo en este momento.

Sr. Robinson
Pero debemos decírselo.

Roger
¿Debemos?

Sr. Robinson
No podría mentirle. ¿Cómo la miraría a los ojos? No, simplemente debemos decirle.

Roger
¿Debemos?

Sr. Robinson

Ella lo averiguaría de cualquier manera, es muy astuta.

Roger
Pero hace seis años que quebró y ella nunca supo nada. No tiene porqué saberlo ahora.

Sr. Robinson

Pero Ud. sabe

Roger

Pero yo no diría nada

Sr. Robinson
Si se lo oculto no sufrirá. Y yo podré seguir vistiendo mis ropas como antes.

Roger
No seré yo quien se lo impida.

Sr. Robinson
Está decidido. Tú no dirás una palabra a Daisy, y yo seguiré como hasta ahora.

El Sr. Robinson se retira.

Roger
Ahora que se ha retirado, puedo sacarme los zapatos y descansar mis pies.

Se saca los zapatos y arremanga sus pantalones. Entra Daisy.

Roger (Avergonzado)
¡Oh! No quise que me viera sin mis zapatos, sólo que la empresa del Sr. Robinson quebró, y me pareció que podría descansar un rato mis pies.

Daisy
Descuida, me gusta verlo descalzo, sus piernas se parecen a las de mi padre.

Roger
Fíjate que debajo de mi media no crecen los pelos.

Daisy
¡Que gracioso!

Roger (inspeccionando sus propias piernas)
¿Verdad?

jueves, enero 04, 2007

Irlanda

Dos monos discuten amenamente en un bar. Es la sobremesa de una comida abundante y las cáscaras de banana apiladas casi les impiden verse de un lado al otro de la mesa. El tema en discusión es la existencia del altruismo en el reino animal. Los monos, a pesar de discrepar en sus opiniones, mantienen una conversación liviana en el trato, y profunda en el contenido. Se acerca un mozo y en su expresión puede leerse cierta reserba hacia los micos en general y hacia estos dos en particular.

Mozo: ¿Se les ofrece algo más?
Mono Luis: Yo no, ¿vos?
Mono Sergio: No, por ahora nada.
Mozo: Entonces tendré que pedirles que liberen la mesa para clientes que consuman.

Los monos se miran con idéntica expresión de estupor.

Mono Sergio
: Pero hay muchas mesas vacías.
Mozo: Están reservadas.
Mono Luis: No, yo se de que se trata esto. Es porque somos irlandeses, ¿verdad?
Mozo: (colérico) Ud. me ofende.
Mono Sergio: Será mejor que nos vayamos.
Mono Luis: Si, no somos bienvenidos aquí.

Los monos pagan la cuenta y salen por la ventana hacia una rama cercana. Del árbol saltan a otro y luego a un poste de luz. En la esquina doblan, desapareciendo de la escrutiñadora mirada del mozo.

Mozo: ¡Simios pulgosos!

Pero un temblor de rodillas obliga al mozo a sentarse. Ya perdió la conexión con su odio, que, transformado en angustia, ataca con enorme tenacidad.

Mozo: He sido un necio. Un necio y un patán. Hoy soy preso de mi piel, de mi cuerpo sin ventanas. ¡Culpa!, terrible y perfecto motor de la bondad, tarde llegas a mi puerta, pues mi injuria ya no puede impugnarse. Eres justo castigo inútil, balanza que empata los males. Vienes a tomar mi ojo por el que yo cobré a esos simios.

Empieza a llover.

Mozo: Esta ventana no es tal. Se trata de un espejo y esa lluvia ocurre en mí. Pero temo por los hombres, pues es enorme mi desazón, y presagio un diluvio interminable. ¡Haced arcas carpinteros! ¡Id a los astilleros a construir vuestros navíos!... ¡Lengua!, vil apéndice, vocero de lo pérfido en mi, justo es que pruebes el filo de mi navaja.

Abruptamente el mozo se levanta y produce una cuchilla filosa. Saca la lengua y la sostiene con el índice y el pulgar de una mano. Se mutila. La sangre le cubre enseguida la camisa blanca, pero el mozo sonríe al ver que afuera está escampando y ya se filtran algunos rayos dorados sobre las cáscaras de banana.

sábado, diciembre 30, 2006

Canaleta

Ante tu estupor, el lanzamiento de Walter es tan desviado, que cae en la casa del vecino, matando a los seis perros. Es el momento de huir. Como siempre que hay que huir, Walter se sube a tu espalda.

Tu: Bájate, cretino, tenemos los zapatos del salón.

Walter: Genial.

Walter se baja de tu espalda y adopta la actitud dinámica que precede al raje. Lo tomas de la solapa y lo increpas.

Tu: Ya veo. Era mentira… era todo mentira… Siempre te cargo yo a ti y tu nunca me cargas a mi. Más de una vez hemos discutido por esto y nunca hasta recién me fue tan claro el alcance de tu vileza. Tu intención no era cuidar mi espalda desde un lugar privilegiado. Nunca consideraste que cargarme era exponer mi espalda a eventualidades y amenazas. Simplemente eran engaños para no tener que cargarme. En el momento que te diste cuenta de que tu también tenías zapatos, le diste las espaldas a mi espalda.

Walter: Si así es como te sientes, renuncio

Tu: No. Estás despedido.

Walter: Lo mismo da

Tu: Te indemnizaré. Ahora que ambos tenemos zapatos, no compartiremos tantos taxis. Con la indemnización podrás pagar los taxis hasta que encuentres otro trabajo.

sábado, diciembre 16, 2006

Goteras en el techo

ernesto había adquirido dos baldes de considerable tamaño, y, después de llenar uno hasta su capacidad con agua, se armó de un gotero para vaciarlo una gota a la vez. El agua iba a dar al balde vacío, donde muy lentamente crecía la marea.
Cuando los baldes tuvieron más o menos la misma cantidad de agua, aproveché un descuido de ernesto para cambiarlos de lugar. Eran idénticos y rojos.
ernesto, inadvertidamente, empezó a reponer el agua que había vaciado del balde original. Mi magnifica celada parecía dar enorme resultado, y yo anudaba y desanudaba mis dedos de manera siniestra, disfrutando de mi triunfo secreto.
Pero con el pasar de las gotas se hizo de día. Entonces pudimos ver que el balde que llenaba ya había rebalsado, mientras que en el otro aun quedaba la mitad.
Y ernesto seguía con el gotero. A las pocas horas flotábamos sobre el sillón, en la pileta que se había formado en el cuarto. Yo intentaba detenerlo, temeroso de que el agua estuviera electrificada por alguna lámpara subacuática, o que creciera hasta que el ventilador de techo nos hiciera más bajitos.
Cuando comenzaron las olas de quince metros, por un segundo creímos que ahora había más agua en el cuarto que la que estaba en el primer balde. Nos pareció inverosímil. No obstante, por las dudas, empezamos a vaciar baldes por la ventana, ernesto ahora convencido de lo menesteroso de nuestra situación.
A eso de las cinco el agua había llegado al techo, encerrándonos en una trampa mortal y mojada. Si ernesto no murió es porque justo había respirado mucho el día anterior y no le hacía tanta falta. Yo tal vez si morí, pero no sabría precisar. Natasha, que era el agua, se reía asustando a los peces.

martes, diciembre 05, 2006

Naturaleza muerta

miércoles, noviembre 22, 2006

Las ideas caen a la tierra como palomas muertas

Ayer se me ocurrió una idea, pero al final no era tan buena, asi que es como si no se me hubiera ocurrido. Pero me parece que por ahi mañana se me ocurre una idea, no se si va a ser buena o no, pero algo está molestando ahi, con ganas de salir. Quien te dice es una idea. Incluso puede ser una buena idea. O por ahi es un pedito.

Pero en fin, por ahora nada. Tienen mi permiso para tomarse vacaciones.

miércoles, octubre 11, 2006

El descanso entre dos pisos

Olich Von Kirsten se acercó hasta la barandilla y miró largamente la ciudad que no conocía. Ahora que todos estaban muertos, esta anónima conjunción de edificios le era tan propia como cualquier otra, tan ajena como todas. Pensó, en su idioma, que ser el último hombre representaba una especie de éxito, pero después se dio cuenta de que el éxito es una medida social que empieza a tener sentido cuando hay dos personas en el mundo. Calculó, a ojo y sin fundamentos, cuánto tiempo le llevaría volverse loco. Pero “locura”, al igual que “éxito”, le resultó un envase vacío, algo que nombra nada.
Entró de nuevo al departamento y saludó con su sombrero a la pareja de viejos que dormían muertos y desnudos, con la sabana a la altura de las rodillas por el calor. Aun no despedían aquel tufo dulzón que tienen los velorios, pero el azul pálido de la piel los delataba, y desmentía la aparente vida que el ventilador prendido le confería a la escena.
Al bajar las escaleras, Olich casi tropezó con un juguete olvidado. La posibilidad de que el ultimo hombre en morir lo hiciera de una manera tan descabellada y torpe lo detuvo algunos minutos en el descano entre dos pisos, riendo mares y llorando a carcajadas.
-¡Olich!- gritó Olich –¡Olich!-Repitió. Y tenía razón.

martes, setiembre 26, 2006

La espera de los delegados

Joaquim volvió a preguntar si la isla daba al mar, y el presidente se impacientó. -Las islas, Sr. Embajador, dan todas al mar por definición.- Aceleró un poco el paso para minimizar el tiempo que pasaran solos, pero Joaquim no lo siguió. Estaba mirando un cuadro muy de cerca. Se trataba de un retrato del presidente mismo, con la faja y el bastón de mando.
-Yo a este hombre lo conozco del barrio de mi infancia.-dijo Joaquim-Ya debe ser muy viejo. Ya tendrá más de cien años… o estará muerto.-
El presidente, que sentía que el cuadro representa su firmeza a la vez que su compasión, se vio herido en su orgullo. –Lo dudo, Sr. embajador, pues el hombre de la imagen soy yo, y el cuadro es un obsequio personal del rey.
-Sin embargo aun cabe una duda, ¿verdad?-
-No comprendo-
-Digo, podría tratarse del hombre que yo conocí hace tantos años.-
-¿Quién?-
-El del cuadro-
-Pero soy yo. Se trata de mí.-
-Si Ud. lo dice-
-Posé para el retrato. Vi avanzar la obra-
-Aun así…-
El presidente miró en todas direcciones buscando algún escape inmediato. Elena, su secretaria, pasaba con unos papeles y un llavero lleno de llaves idénticas.
-Melina.- Dijo el presidente y enseguida trató de pensar algo para decirle.
-¿Si, Sr. presidente?-
-Por favor dígale a los delegados que ya mismo estaremos con ellos.-
-Bien, Sr. Presidente- Elena dudó un instante y se animó –Mi nombre es Elena, Sr. presidente, no Melina.-
Joaquim avanzó hacia ella y la tomó de los hombros. – ¡El nombre de mis hermanas!- Hizo un gesto como si estuviera por abrazarla y se arrepintiera. -¡Elena! ¡Elenita! Las he echado de menos.-
Elena, por motivos que ella misma no comprendía, se sintió segura y frágil al mismo tiempo, y sintió que tal vez las manos de aquel hombre sobre sus brazos tenían algo que ver. Antes de hablar lo miró un instante a los ojos. –Permiso, Sr. Embajador. Sr. Presidente...- y se fue como apurada haciendo ruido a cascabel con las llaves.
El presidente estaba confundido y una leve arritmia amenazaba con ganar terreno. -Conozcamos a los delegados, Sr. Embajador.-
-Si, tengo la impresión de que serán de mi agrado.-
Caminaron por el pasillo, y, a pesar de los esfuerzos del presidente, sus manos se tocaban al caminar. El presidente se alejaba, y Joaquim se volvía a acercar hasta tocarle la mano. Llegó el punto en que el presidente ya no caminaba sobre la alfombra roja sino sobre el mármol, y se acercaba peligrosamente a la pared.
Joaquim se detuvo -Tal vez duerma una siesta antes. ¡Imagine la vergüenza si bostezara frente a los delegados! Por precaución, será mejor que me acueste unos instantes.- Mientras hablaba se iba quedando dormido y cada vez caminaba más lento. Cuando alcanzaban la puerta del salón principal, balbuceó algo sobre el sodio y empezó a roncar en la mitad de un paso suspendido.
-A mi nadie me hace esto- Murmuró el presidente cuando estuvo seguro de que Joaquim no podía oírlo. Después se agachó y le desató los cordones.

viernes, setiembre 15, 2006

Mike is back

http://www.maikishere.blogspot.com/

miércoles, setiembre 13, 2006

Chuza

Viendo la pelota rodar por la madera encerada, sabes exactamente lo que pasará: Va directo a la canaleta. De pronto el cuarto empieza a moverse como las olas y los sonidos a reverberarse. Estas teniendo un flashback. Frente a ti hay una torta con nueve velas incandescentes.

Tu madre (lista para imortalizar el soplido): Pedí tres deseos.

Tu (voz de niño en off, pensando): Pediré uno solo, pero imposible. Pediré el poder de la telekinesis. Si me fuera otorgado, juro no usarlo hasta el día que resulte absolutamente necesario.

Veinte años han pasado desde ese día, y nunca has intentado mover nada con la mente, pero siempre has tenido la certeza de que el deseo ha sido concedido. Puro instinto, te levantas y extiendes los brazos apuntando a la pista, tensando cada músculo de la mano, la mirada clavada en la pelota, que se acerca peligrosamente al límite. Entonces sucede. La pelota cambia de trayectoria, acelera, y se clava entre los pinos uno y tres, causando enorme revuelo de pinos muertos.

Walter: ¡Que maniobra!

Tu, agotado por el esfuerzo mental, sólo alcanzas a balbucear incoherencias

Tu (cantando): Tele kino, tele kino

Viendo la pelota rodar por la madera encerada, sabes exactamente lo que pasará: Va directo a la canaleta. De pronto el cuarto empieza a moverse como las olas y los sonidos a reverberarse. Estas teniendo un flashback. Frente a ti hay una torta con nueve velas incandescentes.

Tu madre (lista para imortalizar el soplido): Pedí tres deseos.

Tu (voz de niño en off, pensando): Pediré uno solo, pero imposible. Pediré el poder de la telekinesis. Si me fuera otorgado, juro no usarlo hasta el día que resulte absolutamente necesario.

Veinte años han pasado desde ese día, y nunca has intentado mover nada con la mente, pero siempre has tenido la certeza de que el deseo ha sido concedido. Puro instinto, te levantas y extiendes los brazos apuntando a la pista, tensando cada músculo de la mano, la mirada clavada en la pelota, que se acerca peligrosamente al límite. Entonces sucede. La pelota cambia de trayectoria, acelera, y se clava entre los pinos uno y tres, causando enorme revuelo de pinos muertos.

Walter: ¡Que maniobra!

Tu, agotado por el esfuerzo mental, sólo alcanzas a balbucear incoherencias

Tu (cantando): Tele kino, tele kino

lunes, setiembre 11, 2006

Algunos datos

El diario “La voz” sacó este mes treinta fascículos coleccionables que conforman una “enciclopedia de curiosidades”. Esta verdadera joya recorre los temas más heterogéneos iluminando al lector sobre ciertos asuntos de interés general. El capitulo que lleva el titulo “gastronomía” dice esto sobre el pan:

“Hoy día tomamos como algo natural el hecho de que uno de los ingredientes indispensables para cocinar el pan, sea el pan mismo. Pero surge la pregunta: ¿Cómo se hizo el primer pan? ¿Como puede hacerse un pan sin usar pan? La respuesta está dividida entre los que sostienen que el primer pan lo creó Dios, y la casi unánime opinión de la comunidad científica, que supone una serie de transformaciones, desde un panoide prehistórico, hasta el pan que conocemos.”

En el capitulo “Biografias curiosas” aparece la de Sven Miller:

“… sobrevive quedando ciego y mudo. Pese a esto sigue piloteando vuelos de cabotaje (sin informar de su condición a la empresa ni al copiloto) durante tres años, momento en el cual muere su hija menor y debe viajar a la amazonas a vengar su muerte en manos de negros. Pero al llegar lo cautivan los olores de la selva, y posterga indefinidamente la venganza para vivir en paz entre las serpientes…”


El capitulo “Grandes mentiras” destaca algunas nociones erradas que son generalmente aceptadas como ciertas.

“El único color que está dentro del espectro visual del ser humano es el amarillo. Los demás son leves variaciones. Los perros ven el azul y el rojo.”

“El habitual sombrero mejicano no califica como sombrero técnicamente. Esto se debe a que el diámetro de su circunferencia es dos centímetros superior al que permite el vocablo.”

“La frase “Tendré venganza o tendré muerte”, generalmente atribuida a Rembrandt, la dice en realidad el actor William Hurt en la película “los puentes de Madison””

El capitulo “ciencia y tecnología” incluye esta nota sobre los monos.

“La tierra es abundante en fósforo haciéndola propicia para el árbol del plátano. Debido a esto hay una gran cantidad de monos que habitan la región. Cuando llueve se forman charcos de fósforo, y los monos han aprendido a mojar palos en los charcos y dejar que sequen. Luego frotan el palo contra una piedra y prenden fuego a unos rollos de hojas de plátano muy semejantes a un cigarro.”



viernes, setiembre 08, 2006

Cumple de mi mismo

Sabado 9
Es en Victoria-San Fernando.
Ambrosoni 1334
entre lavalle y 3 de febrero
¿tipo 12?
Si no saben llegar llamenme al 47446501 y preguntenme.

Eso nada mas.


domingo, setiembre 03, 2006

Ralos rizos rubios

Morris nota ante el espejo que su rubia cabellera, escasa desde nacimiento, se afina y pierde volumen, dejando parches irregulares de dolorosa calvicie incipiente. La cara permanece imperturbada mientras las manos sondean con el tacto el cuero cabelludo indefenso a la intemperie, pero por dentro Morris sufre emociones que identifica correctamente bajo los rótulos de “pánico” y “enormísima tristeza”. Se ve tentado por la moderna usanza del rasuramiento preventivo (que es como talar un bosque para evitar incendios) pero desiste, nostálgico, y se peina de manera tal que los parches vacantes de hebras se favorecen de la manta que permiten los sectores más abundantes.
El engaño es evidente, más aun cuando pasan los días y cada vez son más numerosas las bajas que Morris observa, agónico, enmarañarse en su peine de bolsillo. Prueba, a pesar de la vergüenza, las pelucas, los ungüentos, los sombreros y las maquinas que suministran masajes capilares, que son a la vez torturas nefastas. Pero nada lo satisface y nada detiene la inevitable extinción del “Capitis mantita”.
El tiempo, inclemente, avanza y con el la entropía. Un día Morris reflexiona que la luna no emite luz propia, sino que refleja la del sol. La luna se refleja en su cabeza, que Morris observa reflejada en un charco. Una lagrima con la sal de muchos llantos contenidos, le acaricia la mejilla y cae, formando olas que deforman el agua, su cabeza calva, la luna y el sol.

miércoles, agosto 30, 2006

cabaret




Este sabado todos al cabaret. Y traigan a los demás que van a estar los otros. Asi se conocen, digo.

http://el-cabaret-voltaire.blogspot.com/

lunes, agosto 28, 2006

Game, cambio de lado

Carlo: Profesor, me pareció verlo en la entrada de la conferencia que dio ayer el Doctor Haiam.
Profesor: Si, yo también lo vi a usted.
Carlo: ¿Le resultó de interes?
Profesor: No. Pero por suerte tomé la precaución de llevar mi gameboy conmigo.
Carlo: Su estilo es un poco seco, si, pero a mi me pareció que dijo algunas cosas muy lucidas durante la noche.
Profesor: No lo se, estaba concentrado en el tenis para gameboy.
Carlo: Puede que hubiera algunas fallas en el núcleo de su discurso.
Profesor: Realmente no puedo hacer un juicio informado. Estaba muy enfrascado en el juego.
Carlo: Y ese tono monótono que emplea puede resultar bastante tedioso.
Profesor: Si Ud. lo dice.
Carlo: Y realmente no dijo nada que no hubiera pensado yo por mi cuenta.
Profesor: Ahí no puedo ayudarlo ya que desconozco el contenido de la conferencia. El tenis para gameboy ocupaba toda mi atención.
Carlo: Y esas patillas le sientan espantosamente.
Profesor: ¿Si? No lo recuerdo.
Carlo: ¿Y que me dices del ruido que hace con la garganta?
Profesor: No… No lo recuerdo realmente.
Carlo: Tiene Ud. razón, profesor. Ese Haiam no sirve de mucho.
Profesor: Yo no creo que una vida humana pueda definirse en términos de utilidad.
Carlo: ¿Humano? Haiam no es un humano. Es un monstruo espantoso al que hay que detener a tiempo.
Profesor: No sabría. Estaba jugando al gameboy.

sábado, agosto 26, 2006

La muerte del Señor Boyd

Oswald, rola tabaco. Ya siento venir las nauseas y fumar me alivia un poco. Bah, no escuches a mi mujer, el cigarrillo es lo único que me mantiene vivo. Y cierra un poco la ventana. No, no hace falta que te pares, si estiras el brazo puedes alcanzarla.

Oswald, viejo amigo. Déjame contarte sobre mi pequeña perdida. Mi diminuto abismo de lo que ya no es. Cuando pasas tanto tiempo en cama como yo, el ambiente en el que estas cobra un peso enorme que se da por la conjunción de sus detalles. La silla en la que te sientas, por ejemplo, me ha merecido una tarde entera de observación, la miré por partes y en relación a otros objetos. La imaginé con los ojos cerrados reproduciendo contra el interior de mis parpados los más imperceptibles detalles del viejo roble. Y asi con todo: El diseño de la alfombra (que tiene sutiles variaciones en el aparente patrón), la mesa de dibujo, el busto de Ibsen, mis manos viejas, el radiador…

Pero sobre lo que más he posado la mirada en estos últimos meses es en el techo. Es natural, considerando que casi no me levanto de la cama. Mira que blanco es. Lo pintamos la semana pasada. Antes tenía manchas de humedad en aquella esquina, y aquí, contra la pared. Las manchas eran muy sugerentes, como suelen ser las manchas y las nubes. Veía en ellas todo tipo de imágenes que incluso me aparecían en sueños. Era realmente agobiante de a momentos, pero no podía dejar de mirarlas. Incluso cuando leía la mirada se me desviaba de a momentos hacia el techo.

Mi mujer no quería que lo pintáramos. Tuve que mudarme al cuarto de visitas y ella tenía miedo que me hiciera mal trasladarme mucho. Pero insistí. Las imágenes eran cada vez más molestas y asfixiantes.

Oswald, mi amigo. Si supieras cómo me arrepiento. Ya no hay nada, ¿Entiendes? Ahora cuando miro veo el techo… Blanco. ¿Podrías alcanzarme el mechero de aquel cajón? Ya siento venir las nauseas.

miércoles, agosto 16, 2006

Lógica irrefutable

Jaime: Los otros días me pareció ver una vaca fumando pipa. Pero una segunda mirada más atenta me reveló que no se trataba de una vaca sino de dos chilenos. Uno vestía ropas de tenis.
Carlos: ¿De quien era la pipa?
Jaime: No lo se. No quise preguntar por pudor.
Carlos: Ha de ser robada. Mal habida. Los chilenos son rufianes.
Jaime: Y uno era judío.
Carlos: ¿Cual?
Jaime: El que estaba al lado del otro.
Carlos (pensativo): ¿Justo al lado, o apartado unos metros?
Jaime: Compartían la pipa.
Carlos (asiente): Entiendo.
Jaime:…
Carlos: Puede que fuera una vaca, entonces.
Jaime: Lo dudo.
Carlos: Te pido que dejes abierta la puerta al desconocido.
Jaime: Supongo que es posible.
Carlos: Si, eso.
Jaime: Quiero decir… puede haber sido una vaca. Que más da. No soy experto.
Carlos: Pero aguarda un momento, Jaime. ¿No has dicho que había un tenista?
Jaime: Si, el judío.
Carlos: Eso agrega un factor que desequilibra y pone en peligro la primera suposición.
Jaime (intrigado, expectante): … ¿Qué? ¿Cómo?
Carlos: Todos saben que las principales exportaciones de chile son en recursos naturales y agrícolas…
Jaime (interrumpiéndolo): Yo no lo sabía.
Carlos: No tiene importancia, Jaime. A lo que voy es que nunca nadie escuchó hablar de un tenista chileno, incluso me parece licito aseverar que no hay tal cosa. No forma parte de sus exportaciones. Pero si vacas. Vacas vacas y vaquitas.
Jaime (entendiendo todo de repente): Ah.
Carlos: Comprendes entonces que no podía tratarse de una vaca que fumaba.
Jaime: Si. Ahora lo veo claramente.
Carlos: ¿De donde sacaría el tabaco?
Jaime: Claro.
Carlos: Ahora la pregunta es: ¿Qué era realmente?
Jaime: Dejémoslo, ya empiezo a cans…
Carlos: ¡Lo tengo!
Jaime: ¿!Que!?
Carlos: La pipa era tuya, y no fumabas tabaco sino drogaina.
Jaime (indignado): Imposible.
Carlos: Te pido que dejes abierta la puerta al desconocido.
Jaime: ¿De donde voy a sacar yo drogaina?
Carlos: Eso es tema tuyo, hombre. No pretendo inmiscuirme en tus cosas personales.
Jaime: Ya veo. Así que eso era… ¿Tendré que pedir ayuda?
Carlos: No creo. Si fue esa única vez no corres riesgo de adicción.
Jaime. Ah… Que susto.

martes, agosto 01, 2006

Hacelo por mi



For Mat. Entendes?

jueves, julio 27, 2006

Factor determinante

Oh, Mod, observa a esa mujer que está a punto de bajar aquellas escaleras. Aquella con el vestido blanco. Apuesto que en el décimo peldaño tropieza y cae rodando el resto del trayecto. Espera… Aguarda un momento más… ¿Has visto? Justo como predije.

Un rato más tarde.

Mod, querida, Mira allí, detrás de la fuente y un poco a la derecha. ¿Ves el hombre con el saco de tweed verde? Aquel, querida, el que pasea el perro. Fíjate, dentro de un momento se verá afectado por la deposición de una paloma pasajera. Ya falta poco… ¡Oh! ¿Lo has notado? ¿Has visto la expresión que puso?

Aun más tarde.

Mod, tesoro, ayúdame a pararme que hoy la artritis no me deja en paz. Quiero mostrarte algo, pero es preciso que caminemos un poco… No me sueltes, querida tómame fuerte de la mano. Gracias. Caminemos hasta ese árbol… ¿Ves a esos niños que juegan con el balón? En unos instantes uno dará un puntapié que lo enviará contra el poste aquel. Desde aquí no podemos verlo, pero en el poste hay un clavo que acabará con el juego quitándole el aire al balón. Enseguida, Mod, ya veras… ¡Ahí! Ya ves que tenía razón.

Al rato.

Mod, cariño, será mejor que vayas por unos refrescos, el calor es terrible incluso a esta hora. Pero aguarda un momento, que hay algo que quiero que veas. Fíjate en aquel joven que cruza la calle. Verás que resbalará con aquella naranja que hay en la acera. Míralo bien, viene distraído mirando a la gente… Ya casi… ¡Pero! ¿Cómo puede ser? ¡La ha esquivado!... No es posible… Dime, Mod, ¿No es martes hoy?... ¿Miércoles dices? Ahora comprendo… Que extraño, hubiera jurado que era martes.

Como salirse con la suya (segunda manera)

Antes de empezar, disponga sobre una mesa oblonga y bastante roja, la soga que compró alguna vez pensando que sería util algún día, las tinajas (que habrá tenido la precaución de rotular debidamente) y el pariente lejano que insiste en ser llamado “Tío Ignacio”. No es necesario que los objetos estén ordenados de izquierda a derecha en orden alfabético descendente, no permanecerán en la mesa mucho tiempo y sería una perdida de tiempo.


Si es de día, y muchas veces lo es, construya una pared que tape la ventana y no deje entrar la luz. De no disponer de ladrillo o cemento, cierre la persiana o la cortina. Pero fíjese bien de prender la luz de techo de manera que los muebles no se tornen invisibles, imposibilitándole el transito despreocupado.


Notará que a su derecha, justo a la altura del hombro, comienzaran a darse fenómenos inexplicables. Es preciso nombrarlos ya que no tienen precedentes y por lo tanto nunca hasta ese momento se los llamo de manera alguna.


Si siguió los pasos correctamente hasta este punto, tendrá ya bastante dinero ahorrado para renunciar a su cargo como ministro y dedicarse a la filantropía y el onanismo.

miércoles, julio 26, 2006

Bien Tazelaar




Aunque los numeros del costado yo los hubiera pintado rojos.

viernes, julio 21, 2006

Blue Velvet

Si estás solo/a en casa y acabas de fumarte todo el pasto del jardín con la pipa del abuelo, es hora de que conozcas una pagina harto bonita. En ella podrás encontrar todo tipo de links a otras paginas. Links a bancos de imagenes gratuitos, links a bancos de sonidos gratuitos, links a paginas donde te podés bajar pinceles para fotochop, links a tu vieja, y links a paginas con muchos fonts para mejorar tu caligrafía. La pagina se llama Blue Vertigo y queda aca: www.bluevertigo.com.ar

lo cual me recuerda a un poema de Pedro Mairal que voy a reproducir con las deformaciones que le agregue o quite mi defectuosa memoria.

Verigos Azules

Cuando cruzo una de las bocacalles del centro
Pocas veces advierto que estoy bajo una cruz del cielo
Entre los dos omoplatos de Cristo
Bajo una cruz de vertigos azules.

martes, julio 18, 2006

miércoles, junio 14, 2006

Un pajaro cuenta algo que vió

Mashkú kyaroru pateó unas piedritas que cayeron hasta el río sin tocar nunca la pared de la montaña. Pensó en lanzarse a si mismo también, de una patada en la espalda, pero enseguida descartó la idea porque después no habría nada.

Aunque nadie había por kilómetros y kilómetros, siguió fingiendo que su brazo izquierdo estaba paralizado. También cojeaba levemente. Pero ya no recordaba si esto era a causa de una herida verdadera o si era otra charada.

Pero había alguien, que lo miraba ahora con ojos tristes, ahora enojadísimos, mientras pelaba la corteza de la rama en la cual estaba sentado. Y Mashkú kyaroru hubiera temblado de miedo de haber sabido quien era este hombre que lo vigilaba desde las alturas.

Hacía días que Mashkú no miraba hacia arriba, ¡Semanas!. Y tampoco le llegaban los sonidos que hacía su observador al arrancar la corteza. Los tapaba el suave arrastre del rio, y el viento que se lleva todo.

Había un indicio de la presencia de alguien más, pero Mashkú kyaroru era demasíado estúpido e ignorante para notarlo. Se trataba de una colilla fresca de cigarrillo rubio. Estaba en perfectas condiciones a pesar de las recientes lluvias.

Y así pasaron unos años, uno pateando piedras, y el otro asechando arriba en el árbol. Y yo los miraba a ambos sin ser visto. A mis anchas entre las ramas y el aire. Esperando la confrontación.

Pero se hicieron viejos y nada ocurrió. Murieron el mismo día, con dos horas de diferencia el uno del otro. El ultimo en morir fue Mashkú kyaroru, y quedó en tal posición que sus ojos miraban la rama con el cadáver del otro. Pero ya no veían nada y se iban agrisando.

jueves, junio 01, 2006

Sr. Boyd

El Sr. Boyd retira el envoltorio de plástico que cubre sus nuevos binoculares.

Sr. Boyd: ¡Que admirable manufactura! ¡Podré avistar todo tipo de aves a gran distancia!
Sra. Boyd: Son estupendos, Henry. Y así podremos ver que hacen los vecinos.
Sr Boyd: (La sonrisa desaparece rápidamente de sus labios) ¡Margaret!... Espero que sea una humorada, e incluso así me parece inadmisible. Hay cosas que no… que no… Ni siquiera en broma.
Sra. Boyd: (realmente afligida) Lo lamento Henry, era una broma, lo juro.
Sr. Boyd: Lo se, querida. Pero hay líneas con las que ni siquiera hay que jugar.

El Sr. Boyd en el museo

Sr. Boyd: Diablos, he extraviado mi pañuelo.
Richard: (riendo) Aquí tienes el mío, Henry. Cada vez que vienes a Ámsterdam es lo mismo, lloras como un niño.
Sr. Boyd: Es que estos cuadros, Richard… Y ese bendito hermano que tenía, ese bendito Teo. ¡Mira ese amarillo!

El Sr. Boyd ante la cosa más bella del mundo.

Sr Boyd: Las… palabras… no alcanzan. Es… increíble…
Sra. Boyd (sonrojada): Henry, ni siquiera traigo maquillaje.

ERNESTO

ernesto necesita dos espejos para mirar su tatuaje. Como solamente tenemos uno, usa los ojos de Natasha que deforman la imagen haciéndola más bella y cóncava. Pero mis ojos no le sirven, que se tragan todo, que absorben y asesinan lo que ven.
A veces no le hace falta mirarlo. A veces la tinta se pone roja de calor y siente con detalle los contornos y las formas, siente la imagen y es como si la viera con el cuerpo; como veían los hombres antes de inventar el sol.
Y su piel suelta un olor a asado con cuero, que llena el cuarto y casi puede verse, como se ve el calor en el desierto cuando deforma el horizonte y lo hace temblar con la ilusión de un oasis. Y el olor hace que las ratas salgan de sus agujeros y busquen con sus dientes la carne y la tinta de ernesto. Pero no las mueve el hambre (los pedazos de carne que arrancan los escupen en el suelo). Lo hacen con el afán religioso de las ratas, que consiste en destruir todo lo que no tiene dueño.
Yo nunca vi el tatuaje, pero Natasha me cuenta que ocupa toda su espalda y se extiende más allá de su piel, superando hacia arriba los omoplatos y hacia los costados las raquíticas costillas. A mi me parece imposible, pero en la mirada de Natasha y en el temblor de su voz, no hay ni humor ni engaño.
ernesto finge desconocer el origen de la imagen que, plasmada en su piel, se filtra en nuestros sueños. Pero cuando habla de sus viajes, siempre esquiva la Arabia que yo se que conoce. La Arabia en donde se tatúan los hombres con la tinta que da su color a la arena y al agua.