domingo, junio 17, 2007

De-construcción

En la izquierda del escenario hay una gran pila de arena con una pala clavada, una mezcladora de cemento y algunos ladrillos. Durante la escena, un obrero entra cada tanto y se lleva algunos. A la derecha hay un andamio y llegan a verse unos pies y una lata de pintura arriba de la plataforma. En el centro del escenario, Felipe está de cuclillas, inspeccionando unos planos. Entra Andrés con más planos. Ambos tienen cascos amarillos. Cuando Felipe lo ve, se levanta y se dan la mano.

Felipe: Se te echó de menos, Andrés. ¿Descansaste?

Andrés: Puff, me vino bárbaro.

Felipe: ¿Te fuiste a algún lado?

Andrés: Que va, casi no salí de casa.

Felipe: ¿Alguna mujer?

Andrés: Que va. Más sólo que un hongo.

Felipe: Ah, una vacaciones de todo. Un viaje por adentro de vos mismo.

Andrés: Algo asi. Como un retiro fue. Un service del alma.

Felipe: ¿Y que hacías?

Andrés: Bueno, pasé en blanco los planos del tercer piso. (le entrega los rollos) Pero más que nada estuve escribiendo algunas cosas. Muy metido en la onda oriental del Haiku.

Felipe: ¿Cómo era eso?

Andrés: Un verso de cinco silabas, uno de siete, y otro de cinco.

Felipe: Que lindo, che. ¿Japonés?

Andrés: Si. Tiene una métrica que está alineada con algo natural en el hombre, que calza como dos piezas de un rompecabezas.

Felipe: Rompecabezas,

Si que tiene un buen nombre,

Te quema el coco.

Andrés (Mientras habla, cuenta las silabas con los dedos): Rom-pe-ca-be-zas

Si-que- tie-neun-buen-nom-bre

Te-que-mael-co-co

Felipe: Uy, fue sin querer

Un verso sin esfuerzo

Que casualidad

Andrés: Te dije que sale natural.

Felipe: A ver, contame alguno que hayas escrito.

Andrés: No, son cosas que uno escribe por escribir. No es para mostrar.

Felipe: Algunito.

Andrés: Bueno, justamente traigo conmigo una hoja que se me traspapeló entre los planos. Pero mirá que son muy desparejos, están muy disociados entre si.

Felipe: ¿Pero no es que cada Haiku es una unidad en si mismo, con principio nudo y desenlace?

Andrés: Si

Felipe: ¿Entonces? ¿Que problema?

Andrés: Bueno, pero uno busca una voz propia, algo que unifique. Una identidad literaria.

Felipe: A ver, leeme.

Andrés (Se pone los anteojos y lee): Quiero ir al super,

Y comprarme balizas

Para mi coche.

(Silencio)

Felipe: Está bueno, tiene como algo mundano, ¿No?

Andrés: Si. Pero está muy desprendido de los otros, que tienen un tono más… no se, más pesado, con más superposición de conceptos, más juego con la forma.

Felipe: ¿A ver? Leeme otro.

Andrés (Leyendo): Cuantas balizas

Podría comprarme allí

Denmenlas todas

(Silencio)

Felipe: Ese si está relacionado con el anterior.

Andrés: ¿En que?

Felipe: Y, es como la continuación. Seguís hablando de las balizas.

Andrés: Si, pero es una sola palabra, no es una conexión real de estilo.

Felipe: Pero es la continuación. De echo, el segundo no se entiende sin el primero: “Cuantas balizas podría comprarme allí…” ¿Dónde? En el supermercado del primer haiku.

Andrés: No. Es un “alli” que juega con el lugar de indeterminación. Es lo que debe completar el lector con su vida y su experiencia personal.

Felipe: Entiendo.

Andrés: ¿Te leo otro?

Felipe: Si, si, por favor.

Andrés (leyendo): Si algún día choco,

Quiero estar preparado

No sea cosa que

Felipe: De nuevo.

Andrés: ¿Qué?

Felipe: Es lo que sigue a lo de las balizas.

Andrés: ¿De qué manera?

Felipe: Querés tener las balizas por si algún día chocás.

Andrés (riendo): Medio rebuscado, ¿no?

Felipe: No creo, ¿Si yo te digo “Voy a ir al super a comprar balizas, quiero estar preparado por si algún día choco”, a vos te suena rebuscado?

Andrés: Pero eso es distinto, es otra métrica, otra forma.

Felipe: Bueno, vos sabrás mejor que yo. Leeme otro, quiero saber como sigue la historia.

Andrés: ¿Qué historia?

Felipe: No, digo que me leas otro.

Andrés (leyendo): Hoy mismamente

En santa fe al dos mil

Casi me chocan.

Felipe: Bueno, que se yo.

Andrés: ¿Qué, no te gustó?

Felipe: Si, no, si… Pero… Sigue con lo de antes.

Andrés: ¿Por lo del choque?

Felipe: Claro.

Andrés: Pero es natural que un autor tenga sus obsesiones, sus temas recurrentes.

Felipe: Supongo.

Andrés: A ver este (Leyendo). Que quede claro

Mis corbatas son de Luis

Si yo me muero

¿Qué tal? ¿Ese también te parece que está relacionado?

Felipe: ¿La verdad? (Pausa) Un poquito

Andres (Exclamando): ¿Dónde?

Felipe: Y, medio que venís hablando de chocar, y de repente haces una especie de testamento por si te morís. Hay cierta relación. No se si mucha, pero la hay.

Andrés: Bue…

Felipe: Si, no. Es verdad, es exagerado. ¿Hay más?

Andrés: Algunos.

Felipe: A ver.

Andrés (Leyendo): Toda la plata,

De cuando robé un banco

Es para Norma

Felipe ríe nerviosamente

Andrés: ¿Qué?

Felipe: Seguís con el testamento.

Andrés: No, no tiene nada que ver. En esté nadie se está muriendo.

Felipe: Pero si lo lees justo después del anterior, queda como que si.

Andrés: Igual están en el orden que los fui escribiendo. Pienso ponerlos en un orden distinto que genere una sensación de viaje.

Felipe: ¿Viaje?

Andrés: Si. ¿Te leo otro?

Felipe: Dale

Andrés (leyendo): Nada más tengo

Exepto las balizas

Que le dejo a inés

Felipe: ¡Vamos, che! ¿Me vas a decir que no lo ves?

Andrés: ¿Este también?

Felipe: ¡Si! No solamente continuás indirectamente con lo del testamente, diciendo que no tenés nada más para dejar a tus allegados, sino que también retomás las balizas.

Andrés: Bueno, vos le encontrás sentidos que no estaban ahí originalmente. Es lo que pasa con toda obra, que deja de pertenecer al autor en el momento en que se da la comunicación.

Felipe: Si, puede ser eso.

Andrés: Último.

Felipe: A ver.

Andrés (leyendo): Voy a ir a Easy

Voy a ir bien empilchado

Voy de levante.

Silencio

Andrés: ¿Qué?

Felipe: No, nada. Este es bastante distinto.

Andrés: ¿Pero?

Felipe: No, nada… Que…

Andrés: Vamos, hombre.

Felipe: Nada, que lo de Easy… No se, es un lugar donde venden balizas.

Andrés: Vos también, estás tratando de encontrar cualquier posible relación.

Felipe: Si, es un poco rebuscado.

Andrés: Bueno, no tiene que gustarle a todo el mundo.

Felipe: No, no es eso, me parecen muy lindos.

Andrés: Lindos son los cachorritos y los arreglos florales. Yo busco provocar, sacar del estatismo. Si alguien lee esto e incorpora alguna enseñanza, yo logré mi cometido.

(Silencio)

Felipe: ¿Miramos un poco los planos?

Andrés: Si, cambié un poquito la disposición dentro de los baños, como para que de más una sensación de unidad.

Felipe: A ver.

Desenrollan un plano y le dan la espalda al público mirando el plano y apuntando al edificio en construcción.



jueves, junio 14, 2007

Asdf azar wertyqsd

A veces, tratando de encontrar alguna idea para un cuento, una imagen que estimule, cierro los ojos y me hago el que escribo: mis dedos tocan las letras del teclado a toda velocidad, intercalando la barra espaciadora irregularmente, generando párrafos que de lejos parecen un texto y de cerca odfwer fae hgfe as je.
Pero que grande va a ser mi sorpresa en unos momentos, cuando abra los ojos y lea esto que ahora escriben mis manos. Lo primero que voy a notar, va a ser que no está todo subrayado por las líneas rojas del corrector de ortografía de word. Después lo voy a leer con creciente pánico. Va a ser como si me arrancara un pelo y encontrara, abrazado a la raíz, un pedacito de cerebro.

lunes, junio 11, 2007

El suelo y el desconzuelo

Alberto está sentado en una silla y se mira la pierna lastimada. Entra Andrés.

Andrés: ¡Que frutilla, viejo!

Alberto: Me caí, me golpeé contra el planeta. No fue gracioso. Hubiese preferido que no estuviera ahí y seguir cayendo para siempre en el espacio. Pero el planeta estaba, y me dolió. Me pegué fuerte. De quién fue la culpa, del planeta o mío, no interesa, el daño esta hecho. Ahora lo que importa es el dolor, y, por supuesto, los ungüentos. Voy a caminar con más cuidado, eso si. Ya no me verán saltando tachos de basura ni haciendo la vertical. Porque tengo miedo. Quisiera quedarme acá sentado. De pronto, la distancia entre a y b me asusta. Entiendo el caminar de los viejos, su paso temeroso, el abismo que es su propia altura, de la cual una caída puede ser mortal. No quiero caerme nunca más. De hecho… si… lo decidí: No vuelvo a pararme.

Andrés: Vamos, campeón, no es para ponerse así.

Alberto: Vos no entendés.

Andrés: ¿Qué, No me he caído yo alguna vez? Si. Me he caído (pausa) Pero me levanto, tigre, me levanto. Mirá, ¿Ves esto? (levanta una mano con el puño cerrado) ¿Sabés que es esto? Este sos vos. Ahora estás así, todo cerrado, con miedo, lastimado. Y si, man, duele. ¡Duele! Pero mirá, mirá esto. (Va abriendo lentamente la mano) ¿Ves? ¿Ves lo que va pasando? ¡Claro, papá! Te vas abriendo, te vas entregando a la vida de a poco. Sentís, vivís, ¡Soñás! Y yo se que ahora te parece que va a doler para siempre, pero creeme, te lo digo con las canas, vas a salir de esta, con una lección aprendida y todo.

Alberto: No, no, prefiero arrastrarme por el piso para siempre, prefiero ponerle ruedas a esta silla, o comprar una silla de ruedas. No entendés, vos no entendés… Puede pasarle a cualquiera en cualquier momento. Venís bajando y pensás que se acabaron los escalones, de repente, zak, una caída. Una baldosa floja, el cordón de la vereda, la propia torpeza, los demás peatones, los pisos encerados, son todos soldados de la muerte. Yo me quedo acá, sentado.

Andrés: Pero dale, fenómeno, uno no puede vivir pensando que se le va a caer un yunque en la cabeza. Vos sos joven, aprovechá. ¿Sabés lo que daría yo por tener tus años, pibe? Todo. Eso es lo que. Mirá, te presto mis pantuflas. (Se saca las pantuflas y se las ofrece) Tomá, andá arrastrando los pies. Primero acá en la casa. Después te calzamos las botas y salimos al mundo. ¿Te parece, ídolo?

Alberto: ¿Vos me ayudás? ¿Me das soporte?

Andrés: Pero claro, che ¿Para qué están los amigos?

Alberto se para lentamente y Andrés lo toma del brazo. Les cae un yunque en la cabeza.

domingo, junio 03, 2007

Un glorioso arco iris en el alma

Julio es el primero en viajar en el tiempo. En una ceremonia muy televisada, sube al aparato y saluda. Diez nueve. Fuipp, la maquina desaparece un instante y vuelve a aparecer, pero ahora está oxidada y polvorienta. Sale el hombre pero ahora es mucho mayor. Su italiano está contaminado de una lengua futura. Veinte años hace que partió, con la instrucción de regresar a la semana.
En el futuro, dice, todos llevan un glorioso arco iris en el alma. Sabía que si volvía a la semana, nunca me dejarían regresar. Pero ahora he vuelto, y vuelvo con la palabra. Yo traigo el futuro.
Julio se encierra a escribir su libro. Sabe que el es el primer motor. El logrará que ocurra. La causa y la consecuencia son intercambiables: el creó el futuro del que viene. Afuera, las cámaras filman la ventana con la esperanza de capturarlo cruzando el pasillo. El mundo está en vilo, nadie habla de otra cosa. Mucha gente se opone a que se publique lo que Julio está escribiendo, sea lo que sea. Se hacen preparativos para enviar a un segundo hombre.
El segundo hombre es una mujer. Mariana se sube a la maquina, saluda. Fuipp. Aparece en el futuro, unos días antes de que llegue el primer viajero. En efecto, todo es hermoso y confuso.
Mariana y Julio se conocen y viven juntos tres años idílicos, enamorándose del futuro a la vez que del otro. Mariana decide regresar, tiene una hija de doce años y no quiere volver siendo una mujer vieja. Se separan dolorosamente. Ella está embarazada pero aun no lo sabe.
Fuipp. Lo primero que ve Mariana es la cara de Julio, veinte años mayor, sonriendo. Le dice que el futuro, por maravilloso que fuera, no se comparaba con media caricia de sus manos. Si no había regresado hasta ahora era por el libro, del que ella le había hablado, el que justificaría su existencia. Se casan y nace la hija. Julio se divierte diciendo que es hija del otro. Tu ex, le dice.
Julio escribe el libro. Las imprentas del mundo no dan a basto para suplir la demanda. Cada persona que lo lee, siente la semilla de un arco iris, un glorioso arco iris, en el alma.




miércoles, mayo 30, 2007

Drama personal (drama prisional)

Dramatis personae

Margarita
Señora Goldberg: Madre de Margarita
Señora Bergman: Una amiga de la señora Goldberg

En el centro del escenario, la señora Goldberg y la señora Bergman están sentadas sobre dos bicicletas fijas que apuntan a la derecha. Detrás de ellas hay una pantalla sobre la cual se proyecta un paisaje que se mueve durante la conversación, dando la ilusión de que avanzan. Ellas no pedalean en ningún momento.

Señora Bergman (agitada): ¿Ayunaste bien?
Señora Goldberg (agitada): Siempre me pasa lo mismo en Yom Kippur: Ayuno y me siento bárbara, y después me como todo y me siento una chancha.
Señora Bergman: Mi marido no ayuna, dice que es ateo.
Señora Goldberg: Me dan pena los ateos. ¿Sabés que mi nena ayuna con nosotros?
Señora Bergman: ¿Margarita? Pero si le faltan años para el bat mitzva.
Señora Goldberg: Es muy precoz. No sabés como habla el inglés. Lo aprende escuchando la radio ¿viste esos programas que enseñan inglés?
Señora Bergman: Que linda es la nena tuya, mofletuda y con esas pequitas en la nariz.
Señora Goldberg: Bueno, te dejo, que la dejé sola en el arenero.

La bicicleta de la señora Goldberg permanece quieta en el centro del escenario mientras que la de la señora Bergman desaparece haciendo marcha atrás, dando la ilusión de que la señora Goldberg avanza más rápido que su amiga. El arenero aparece por la derecha con Margarita adentro. La imagen proyectada se detiene en un cuadro. La señora Goldberg se baja de la bicicleta y avanza unos pasos hacia su hija. En el arenero hay varios muñecos, una radio y un modelo de escenario (con cortina y todo).

Margarita: Esto me va a doler más a mí que a vos.
Señora Goldberg: Hola hija.
Margarita: Goldberg.
Señora Goldberg: ¿A que jugabas?
Margarita: A que mi pequeño pony se quebraba una pierna y había que sacrificarlo.
Señora Goldberg: ¡Gorda! Te dije que te sacaras los zapatos antes de entrar al arenero, después entras a la casa y haces un lío bárbaro.
Margarita: Ay, Goldberg, usted aburre.
Señora Goldberg: Lo que me aburre es estar fregando el piso como una loca. (Silencio corto) Vení a darle un beso a mami.
Margarita: Más luego
Señora Goldberg: Me voy a dar una duchita rapidita y después quiero que hagas los deberes.

Se retira

Margarita agarra dos playmobil y el escenario y juega a que un playmobil es un policía y el otro un hombre que va a la comisaría a hacer una denuncia. Margarita hace las voces de ambos. Esta es la escena que se desarrolla entre ellos.

Dramatis personae

Alejandro: Un tipo al que le chorearon unos chorizos
Oficial: Un oficial

Una comisaría. Varios uniformados se pasean, entrando y saliendo del escenario. Algunos empujan a hombres esposados con remeras de los redondos, otros llevan a prostitutas agarradas del brazo. En el centro del escenario hay un mostrador detrás del cual un policía atiende a una señora. Entra Alejandro.

Oficial: Vaya por aquel pasillo hasta el fondo que le van a tomar la declaración.

La señora sale. Alejandro avanza y gana el mostrador.

Alejandro: Vengo a hacer una denuncia.
Oficial: ¿Por qué motivo?
Alejandro: Unos chorros me chorearon unos chorizos.
Oficial: ¿Podría identificarlos?
Alejandro: Y… eran chorizos, no se si podré discriminarlos de otros chorizos. Les había hecho unos agujeros con un tenedor para que chorrearan la grasa.
Oficial: A los mal viviente me refiero.
Alejandro: Ah, ellos. Si, están en mi casa, los maté con mi pistola. Les hice unos agujeros para que no chorearan más, los grasas.
Oficial: No se dice grasas, se dice “personas de capacidad adquisitiva reducida”
Alejandro: “Adquisitiva reducida” que mal suena.
Oficial: Yo no invento los términos, señor, si por mi fuera se les diría “negros de mierda”, pero ya ve que soy una mera pieza de un sistema que nos abarca a ambos.
Alejandro: Eso a mi no me incumbe, yo vivo en el presente, la visión global de las cosas es algo que interesa sólo a las gentes que miran a largo plazo. Lo que yo quiero es que me devuelvan mis chorizos.
Oficial: Es entendible… Pero, si los mató… Digo… Seguramente llevaban los chorizos consigo, ¿no los recuperó?
Alejandro: Si, pero al ver la sangre, mi mujer empezó a gritar, y mientras yo la cacheteaba un poco para calmarla, el perro se comió los chorizos.
Oficial: Ya veo, the plot thickens.
Alejandro: ¿Como dice?
Oficial: The plot thickens.
Alejandro: No entiendo
Oficial (modulando exageradamente): The (silencio) Plot (silencio) thickens.
Alejandro: No se que es eso, ¿debiera saberlo?
Oficial: Es ingles.
Alejandro: Haberlo dicho, yo ingles no hablo.
Oficial: ¡Opa! Mhmmmm. Entonces… ¿Qué hace acá?
Alejandro: Vengo a reclamar mis chorizos.
Oficial: Señor, la policía está aquí para asegurarse que la justicia se imparta y para castigar al que la desconoce.
Alejandro: ¡Y eso mismo busco!
Oficial: Pero Ud. no habla ingles…
Alejandro: No
Oficial: Entonces estoy atado de manos, no hay nada que pueda hacer por usted.
Alejandro (colérico): ¡Pero aquí trascendió un choreo!
Oficial: ¿Si no habla inglés como hago para distinguirlo de un P.C.A.R?
Alejandro: ¿Un que?
Oficial: Persona de capacidad adquisitiva reducida.
Alejandro: ¿Pero no éramos todos iguales ante la ley?
Oficial (conteniendo la risa): Iguales, lo que se dice iguales (silencio). Parecidos.
Alejandro: Pero lo dice la constitución
Oficial: Si, si, somos todos iguales, lo que pasa es que algunos son un poco más iguales que otros.
Alejandro: Ya veo.
Oficial: Haga el favor de retirarse antes de que lo arreste por homicidio.
Alejandro: Si, me voy.

Alejandro camina hacia la calle con pasos lentos, dudando. En el último momento se da vuelta y grita

Alejandro: ¡Viva la revolución!

Alejandro sale corriendo de la comisaría. El oficial salta por encima del mostrador y lo persigue.

Oficial (en off): !Bang! !bang! !bang! !bang!
Alejandro (muriendo): Arrrrrrgggggggggggg.

El oficial vuelve a entrar, bañando de pies a cabeza en sangre.

Oficial: What bolud he is.

Cortina

Señora Goldberg (en off): !Gorda, los deberes!
Margarita: ¿A que fin?
Señora Goldberg: El año que viene empezás la primaria y tenés que ir habituándote a las tareas.
Margarita: Goldberg, yo termino jardín y largo.

Cortina

Último capitulo: En el que pierdo los estribos y digo algunas cosas de las que probablemente me arrepienta en unos días.

Me arrepentí

viernes, mayo 18, 2007

Adivinanza: ¿Qué es eso que no veo?

“Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis evidentes, es quizá el modo más enfático de indicarla.”
J.L. Borges

¿En que se pierde este tabaco cuando arde, que empieza gris y se diluye al invisible?
¿Contra que chocan las personas y las cosas, cuando no chocan ni con cosas ni personas?
¿Qué es celeste en la distancia inalcanzable, lejano tanto para el hombre como el ave?
¿De que montura son jinetes las palabras cuando viajan del que canta al que lo escucha?
¿Porqué los peces, como el hombre que se ahoga, morirían si en su nado lo encontraran?
¿Qué llena el pecho por efecto de un reflejo, con cada ciclo de un músculo incansable?

jueves, mayo 10, 2007

El error




lunes, mayo 07, 2007

Vegas


Buscando a Diegui


domingo, mayo 06, 2007

miércoles, mayo 02, 2007

En blanco y negro

Hombre en llamas: Volví a tener una pesadilla.
Doctor: ¿La misma de siempre?
Hombre en llamas: No, pero también tenía un banquito. Era de madera casi blanca excepto las patas, que estaban metidas en el barro. La única luz venía del hombre en llamas, que se acercaba tentativamente al banco pero retrocedía enseguida, incomodo y un poco avergonzado. Lo esquivaban dos varones, que prendian cigarrillos con sus llamas y esparcían el plástico derretido de sus zapatillas con un palo. Casi imperceptible, de un negro apenas más claro que la noche, los acechaba un árbol terrible, que se sacudía apenas, a pesar del desmesurado viento.
Doctor: Un hombre en llamas. ¿Y no sentía dolor?
Hombre en llamas: No, pero realmente quería sentarse y alguna fuerza extraña se lo impide. Es una especie de dolor, supongo.
Doctor: Por favor, ahorrase las suposiciones. Acá estoy yo para interpretar, Ud. limítese a contar, seca y objetivamente, lo que soñó.
Hombre en llamas: Después soñé una confusión entre dos hombres que armaban un reloj enorme en una torre. Uno le pidió al otro que le pase un phillips, y el otro le prendió un cigarrillo. El primero estalla en carcajadas. El otro, confundido, se ríe nerviosamente. Nunca comprenderá su error.
Doctor: ¿Lo que en realidad quería era un destornillador?
Hombre en llamas: ¿Qué destornillador?
Doctor: Un phillips
Hombre en llamas: No comprendo ¿Es una marca de destornilladores?
Doctor: Es un tipo de destornilladores, para tornillos de estrella. Pero Ud. tiene que saber esto. ¿De que otra manera explica el sueño?
Hombre en llamas: Pero entonces… ¡Claro! La confusión consiste en que uno de los hombres pide un destornillados phillips y recibe un phillip morris. Ya veo la gracia.
Doctor: ¿Cómo puede ser que haya soñado un juego de palabras que incluye una acepción que desconoce? Es imposible.
Hombre en llamas: Al menos que el sueño fuera de otra persona.
Doctor: Incluso las palabras que utilizó para contar el sueño demuestran que Ud. entendía. ¿Por qué otro motivo hubiera dicho que se trataba de una confusión? Para un hombre que no conoce los destornilladores phillips, el sueño sería absurdo, como los sueños generalmente son. Además, usted mencionó que el hombre que ofrece el cigarrillo nunca comprenderá su error. ¿A que error se refería?
Hombre en llamas: Me ha descubierto, Doctor. No soné nada de lo que he dicho. Pero yo realmente no sabía lo de los destornilladores.
Doctor: ¿De donde sacó esa historia, entonces?
Hombre en llamas: La vi ocurrir hace un instante.
Doctor: Imposible. ¿Dónde?
Hombre en llamas: Usted soñó tres sueños esta noche. Yo estaba en el primero. El segundo lo vi ocurrir mientras lo esperaba en este diván. Sentado. Y este último acaba con esa ambulancia que se acerca. Escuche esa sirena. Está sugestionada por su despertador. Buenos días, Doctor.

domingo, abril 29, 2007

Cocina afrodisiaca (Otra conversación sensiblera)

Matías: Te advierto para que después no te quejes: en quince segundos te voy a tocar el culo. Y no va a ser una caricia cotidiana, de esas a las que te tengo acostumbrada, te voy a agarrar un cachete con fuerza y te va a doler un poquito incluso.
Clara: Tengo un cuchillo.
Matías: ¿Pero estás dispuesta a usarlo?
Clara: Pffff, ¿Ante semejante amenaza? Sabés que tengo la cola sensible. Te aseguro que si te atreves, voy a encontrar vaina para mi facón.
Matías: ¿Me clavarías un cuchillo sucio? ¿Me harías eso a mí?
Clara: Yo lo único que digo es que voy a seguir cortando esta cebolla como si no hubieras dicho nada, voy a hacer caso omiso a tu estúpida advertencia, pero si me llegás a hacer doler, te clavo.
Matías: Cinco, cuatro, tres…
Clara: No te atrevas…
Matías: Uno, cero.
Clara: No me dolió.
Matías: Mentirosa. Te sarandié todo el orto
Clara: Tocas culos como una nena.
Matías: Te la estás buscando.
Clara: ¿Porqué no te hace útil y cortás un tomate?
Matías: Hay una sola tabla
Clara: Cortá sobre la mesada.
Matías: ¿Y quien se va a ocupar de tocarte la cola?
Clara: Bueno. Pero más suave que me dolió un poco.
Matías: ¡Ah! Pisaste tu propio palito. Te había dolido.
Clara: ¡Rascame la espalda!
Matías: ¿Acá?
Clara: Más arriba… ¡ahí! Con las uñas. Ahora el otro lado.
Matías: ¡Epa! ¿Toda esa cebolla le vas a poner?
Clara: Me zarpé ¿No?
Matías: Si, es mucha cebolla.
Clara: Bueno, cortáte varios tomates y queda para mañana.
Matías: ¿Y si no hay mañana? ¿Y si este día es el último?
Clara: Va a haber
Matías: ¿Cómo sabés?
Clara: Por inducción. Ayer hubo.
Matías: ¿Y te vas a basar en ese hecho aislado?
Clara: Cortá más finito, esos pedazos son más grandes que el tomate. Y confiá en mi, no sólo va a haber un mañana sino que va a haber una ensalada de tomate y cebolla en ese mañana.
Matías: No llores, cosita. Era un chiste, va a haber un mañana. No te preocupes, acá estoy yo para cuidarte, princesa.
Clara: Es la cebolla, princi-puto
Matías: Vos lo pediste
Clara: ¡Ay, imbécil!
Matías: Bajá el cuchillo
Clara: Yo te avisé. Ahora tengo que matarte.
Matías: Dale, me vas a cortar en serio, recién me lo pasaste al lado del ojo.
Clara: ¡Mirá! me dejaste todo el culo rojo, estúpido.
Matías: Te pasa por cocinar en pelotas. No me pude resistir.
Clara: Es mi casa, yo cocino como quiero. Vos sos el que está en falta, todo de corbata y con olor a oficina.
Matías se desviste. Una cosa lleva a la otra.

jueves, abril 26, 2007

Yippee-ki-yay

Matías: ¿Sabés que me gusta?
Clara: ¿Qué?
Matías: Las ventanas en el cine.
Clara: No hay ventanas en el cine.
Matías: Las ventanas en las películas. Cuando veo una ventana en la pantalla.
Clara: ¿Por qué?
Matías: Porque entro al cine y pago mi entrada ¿No?
Clara: Si.
Matías: Y me dan un papelito que es un contrato implícito. Estoy pagando para que me mientan. Estoy yendo a sentarme durante un rato a ver una mentira interesante.
Clara: Interesante si tenés suerte.
Matías: Claro, pero nadie filma algo si no le interesa, asi que, en terminos generales, pago para ver un mentira interesante.
Clara: Al menos que te colés, ahí no estarías pagando.
Matías: ¿Clara?
Clara: ¿Que?
Matías: ¿Me dejás terminar de decir lo de las ventanas?
Clara: Si.
Matías: Pago para creerme lo que pasa en la pantalla: Un rectángulo recortado en una pared, en el que me muestran un pedazo de mundo. Y aunque no esté pensando en eso durante la película, sino en la trama o en el maquillaje o en el vestuario o en la actuación; en la parte de atrás de mi cerebro, siempre está ese contrato presente. Y, de repente, aparece una ventana. Y me pregunto: ¿Qué es una ventana? Y me respondo: Es un rectángulo recortado en una pared que me muestra un pedazo de mundo.
Clara: ¡Oh!
Matías: Claro que ¡Oh!
Clara: La puesta en abismo.
Matias: La serpiente que se come su cola.
Clara: Escher.
Matías: El telescopio.
Clara: ¿Qué telescopio?
Matías: Esos que usaban los corasios, que era un cilindro del que salía uno más chiquito y de ese salía uno más chiquito etcétera.
Clara: Ah, el de los piratas.
Matías: Eso.
Clara: A mi me gusta cuando el cine habla del cine. Es parecido.
Matías: Si, a mi también me gusta. Pero es distinto, es explicito, cuando ves una cámara de cine en la pantalla, tenés que hacerte cargo, tenés que faltar a tu contrato. La ventana es sutil, te lo plantea ambiguamente.
Clara: Que incomodo.
Matías: ¿Qué cosa?
Clara: Tu codo, me lo estás clavando en la espalda.
Matías: Uy, perdón. Lo que digo es que cuando miras ocho y medio, estas todo el tiempo sentado en la butaca. En cambio, cuando miras duro de matar, estás ahí, con John McClane, matando terroristas.
Clara: Que buena Duro de matar, me la re vería ahora.
Matías: ¿La alquilamos?
Clara: Ya cerró el video.
Matías: Ni en pedo, son las nueve.
Clara: ¿Recién? !Alquilemos las tres juntas!
Matías: No. Alquilemos la uno y otra distinta.
Clara: ¿Cuál?
Matias: No se.
Clara: ¿Ocho y medio?
Matías: Dale.

viernes, abril 13, 2007

Agua

Yang Mao Tai era considerado un vago por todas las personas del pueblo. Pero la verdad es que era un trabajador incansable, lo cual hubiera sido evidente para cualquiera que lo viera trabajar. Se había ganado aquella fama porque, en vez de bajar al río con los demás a rezar para que no hubiera sequía, lo hacia frente a un balde de agua. Un día, su hija, Yang Ken nuan, le recriminó esta actitud, diciéndole que por su culpa ella tenía que sufrir las burlas de los vecinos. Yang Mao Tai le limpió delicadamente una de las lágrimas mientras sonreía extasiado. Con muchísimo cuidado, apoyó la lágrima sobre una hoja de bambú, y, sin dejar de sonreír un instante, llevó a cabo los rezos tradicionales.

Nos quedamos solos

Se murió Kurt Vonnegut, enormisimo cronopio, dejando un vacio más grande que el mundo.
"When you are dead, you are dead" K.V.

sábado, abril 07, 2007

Cuento contado

Yo conozco 1 que cada 2 por 3 va en la 4 por 4 a la quinta.

miércoles, abril 04, 2007

Incompatibilidad de caracteres

Vayamos al pasaje que está cerca de la plaza, Genaro. Seguramente se encuentren ahí los borrachos y podremos reírnos un poco de ellos. Nos subiremos a algún árbol y les tiraremos los frutos en la cabeza. Intentaremos que no nos vean, de esa manera pensarán que el agresor está entre ellos, y tal vez podamos verlos pelear. Tú, Genaro, estarás de un lado, yo del otro. Ya puedo verlos, sentados en las escaleras al lado del hotel América, pasándose una bota de vino. Los dos robustos árboles a cada lado presentan un follaje abundante en esta época, ideal para nuestro fin. Me pregunto si podremos alcanzarlos sin ser vistos.

Laura, que idea grandiosa. Pero olvidas que estamos en un sótano sin ventanas y sin luz. Tenemos gruesas cintas de cuero inmovilizándonos, atándonos irremediablemente a está fría pared de cemento. Olvidas que hace meses que lo único que comemos es la sopa hirviendo que nos tiran dos veces al día por una escotilla en el techo. Y que nos han arrancado la piel de los pies para que no podamos caminar.

Nos quedaremos. Desarmaremos aquel escritorio que vino por partes en una caja. Entonces haremos una pira y arrojaremos también la caja y unos libros. Miraremos largo rato el mueble ardiendo, Genaro. Tú tirarás los fósforos y por unos segundos podremos distinguir la llama pequeña pero furiosa de los fósforos entre las enormes algas amarillas que producirá la madera encendida.

Ya quisiera, Laura, pero mira aquellas escultura de huesos que asoman del camposanto. Esos son nuestros cuerpos, lo que queda de ellos. Una víbora tiene su nido en tu calavera hueca, que el sol ha blanqueado y astillado en mil partes. Nuestras costillas se han entrecruzado por obra de algún animal o un viento fuerte, y somos como una cadena de sólo dos eslabones. Mira los buitres, que satisfechos se los ve. Sus pérfidos picos parecen sonreír mientras chorrean eternamente nuestra sangre.

Entonces acércame aquel mazo de cartas. Escribiremos sobre ellas las capitales del mundo. Tu, Genaro, sacarás una al azar, e iremos donde nos diga. Si hace frió tejeremos incansablemente, coseremos las sabanas entre si para armar una carpa enorme, reforzaremos nuestras medias con retazos de pañuelos viejos. Si hace calor construiremos un canal que nos traiga el agua del lago, tomaremos cerveza con hielo, apoyaremos piedras mojadas en nuestras muñecas.

Laura, no comprendes. Tú y yo no somos. O si algo somos, es lo opuesto de las migas de pan, de los edificios, de la música, de los bastones y de todas las cosas que son algo. No podemos ni siguiera desplazar una partícula de aire o decir estas palabras. No podemos oler el tabaco que fumamos sin cesar ni tampoco elegir entre dos o más opciones. Tú no eres, Laura, y yo soy lo mismo.

Vayamos al puerto. Llevaremos tu viejo remo y buscaremos quien lo arregle. Tu, Genaro, me guiarás por una calle sin salida, hasta un pequeño negocio que se cae a pedazos. Un viejo diminuto inspeccionará el remo a través de gruesos anteojos y nos dirá que no tiene arreglo. Entonces yo le preguntaré si tiene remos para vendernos, y el abrirá un armario viejísimo lleno de remos en diferentes estados de rotura o descomposición. Elegiremos el que nos parezca más sano y saldremos de ahí en dirección al agua.

Sueñas, Laura. Este puro presente es anterior al tiempo. Y porque el tiempo aún no existe, lo esperaremos para siempre sin que ni los segundos ni los días no acerquen a los minutos y los años. Antes, después, mañana y ayer, son exactamente ahora: una única fracción de un instante que no existe como tal, sino que es la ausencia de otra cosa. Una cosa con agujas y con números. Un efecto secundario del espacio.

lunes, abril 02, 2007

Roger en apuros

Un establo con un escritorio y un archivador beige a la izquierda. Sentado sobre el escritorio está Roger. Daisy está parada frente a el.

Roger: Qué se yo qué sentí, Daisy. Soy de los que en el momento no sienten más que una molestia y después se enferman durante un par de semanas. Siempre fui así. Somatizo.
Daisy: Bueno. Describila entonces. Físicamente.
Roger: Tampoco dice mucho. Es una celda, como en las películas. Tres por tres, una cama, una mesa. … Una ventana demasiado alta.
Daisy: Contame vos.
Roger: No... No es que no quiera hablar del tema, pero vas a tener que luchar contra mi resistencia. Sacarme a cuentagotas lo no quiero escucharme decir en voz alta.
Daisy: Bueno. Dejame pensar.

Silencio

Daisy: Tengo una buena. ¿Sentiste su presencia de alguna manera? ¿Viste su fantasma? ¿Escuchaste alguna voz de ultratumba?
Roger: Ufff.
Daisy: ¿Di en el blanco?
Roger: Si.
Daisy: Tranquilo.

Silencio

Roger: Justo abajo de la ventana. Un poema borroso escrito con su letra, que es tan parecida a la mía que da miedo.
Daisy: ¿Que decia?
Roger: Tomá.

Roger saca un papel doblado en cuatro de su bolsillo y se lo ofrece a Daisy. Escuchamos la voz de Daisy leyendo el poema, pero son sus pensamientos. Ella lee en silencio y sin mover los labios.

Daisy:

Los codos fijos, tablas que se agudan
Una única mirada para los dos ojos
El abdomen: un calambre de plástico
Dientes sin anestesia
Los dedos son diez uñas de carne
Las arterias infestadas de hongos
Lengua de esponja y sal
Pulmones de poker
Una espiral en la frente, adentro
Huesos que son huesos de los huesos
Un solo pelo, que tiene raíz en las dos puntas
La saliva de los otros
Cuernos por omoplatos: el aborto de las alas
Piel que es la braza de una aguja
Orejas que hablan otro idioma
Un ombligo desplazado
La nariz apuntando, claro está, al nornoroeste

Silencio

Roger: En esa prisión estaba el. Si en vez de la cárcel hubieran sido las islas canarias, hubiese escrito el mismo poema en la arena.
Daisy: Contame. Por favor. Contame que hizo. Y te juro que esta es la última vez que te pido. Y si elegís no contarme esta vez, nunca más voy a preguntar.
Roger: Preguntame en unos años.
Daisy: Ahora.
Roger: Nunca.

Silencio largo

Daisy: Me dejó toda su plata.

Silencio Largo
Daisy: Te quiero regalar una moto.
Roger: ¿Toda su plata?
Daisy: Toda.
Roger: ¿Una moto?
Daisy: Te podés ir lejos. Alejarte de esta granja llena de fantasmas. No, es peor, no está llena de fantasmas, está llena de un solo fantasma enorme. Debiéramos cambiarle el nombre. “La granja para no rehabilitarse de la perdición y muerte del Sr. Robinson” ¿Qué tal ese nombre? ¿Mejor que Robin & son?
Roger: ¿Sos multimillonaria?
Daisy: Es ridiculo. Uso un fangote de billetes de mil dolares para nivelar el banquito de la cocina.
Roger: ¿Por qué te lo dejó a vos?
Daisy: Pensaba que a vos te iba a hacer mal. Yo estoy de acuerdo.
Roger: Hmm.
Daisy: Vamos a las islas canarias. Compramos dos casas en un mismo barrio y nos cruzamos a pedirnos tacitas de azúcar.
Roger: Pasame el poema que no lo quiero perder.
Daisy: Perdamoslo. O por lo menos no hagamos copias.
Roger: ¿Estas loca? ¿Qué va a hacer, olvidarte de el?
Daisy: No. Voy a elegir con que parte de su vida quedarme. ¿Qué? ¿No poder nunca más sonreír cuando pienso en el? ¿Siempre cargar con su estigma en vez de con la magia cotidiana que era solamente hablarle? ¿Vas a quedarte con ese desangrarse por el filo de su propia sangre? Yo lo voy a ver siempre con un segundo champagne en la mano, ese momento en el que salía lo mejor. Cuando contaba historias en la que vos habías estado, pero contaba detalles increibles que no habías visto, o agregaba pensamientos que convertían anécdotas neutras en aventuras extraordinarias. No se que tenés. No se porqué viajas tres mil kilómetros para ver una celda de mierda. No se si es que te gusta regodearte en esa mierda de mierda.
Roger: Preguntame de nuevo.
Daisy: ¿Qué?
Roger: Preguntame qué hizo para que lo metieran preso.
Daisy: ¿Que hizo?
Roger: Nada. Fui yo.
Daisy: ¿Qué?
Roger: La tarde que se lo llevaron. Cuando se escaparon tus gallinas. Maté a una con una horquilla.

Mientras roger habla, Daisy se aleja lentamente de el, cubriendose la boca con las manos.

Roger: No se que me pasó. Sentí el peso y sentí que era el tridente del diablo. Me lo acuerdo nublado, como si lo hubiera soñado. Lo tiré y lo próximo que me acuerdo es que el Sr. Robinson metía el cadáver en una caja. Cuando llegó la policía yo temblaba en el suelo de la cocina mientras el hacía una falsa confesión.
Daisy: Roger, ¿Porqué?
Roger: No se.
Daisy: Mataste al Sr. Robinson.

Silencio

Daisy: Roger.
Roger: No se.

Silencio largo. Daisy se acerca muy despacio a Roger. Roger tiene la cabeza entre los hombros. Daisy lo abraza. Sus manos en la espalda de Roger son dos puños cerrados. Lo abraza un largo tiempo. Empieza a dales suaves golpes. De a poco, los golpes se tornan cada vez más fuertes. Roger los resiste sin quejarse ni moverse. Daisy lo golpea con toda su fuerza mientras lucha por zafarse de su abrazo.

domingo, marzo 25, 2007

20Q

Es un juego. Les recomiendo que no elijan palabras muy complicadas.

miércoles, marzo 21, 2007

Tres patitos

Marita se volvió a mirar en el espejo, admirando el Kimono nuevo que le había regalado su nieto para su cumpleaños. Reflejada en el espejo, vio su vieja bata colgando con las toallas. La tela transparente por el uso y los bolsillos descocidos, le parecieron ahora inadmisibles. Le dedicó una fugaz mirada de desprecio y salió del baño.

Jeremías, mi ayudante en este caso, opina que el kimono debe ser secuestrado y analizado, considerando el papel importante que jugó en el asunto. Me parece una medida prudente, pero dudo que se encuentre ahí la falla, el kimono, en mi opinión, es exactamente lo que parece ser.

En la cocina, Marita empezó su antiguo ritual del desayuno. Llenó primero la pava, silbando bajito y mirando por la ventana a dos perros que se olían mutuamente. La hembra llevaba un collar con su nombre y el número de teléfono de sus dueños.

El teléfono termina en el número 222, que ha aparecido en varias otras fallas, y que también es el número exacto de fósforos que había originalmente en la caja. Hace tiempo ya que estamos llevando a cabo un esfuerzo inter-departamental para desentrañar las características de este numero.

Cuando Marita estiró la mano para agarrar la yerba, una de las anchas mangas del kimono empujó la caja al piso, esparciendo los fósforos por el suelo. Entonces ocurrió.
Marita tuvo el primer impulso de agacharse a juntarlos, pero enseguida se detuvo. Sus pensamientos se volvieron repentinamente confusos y difíciles de leer, pero Marita se estaba diciendo lo evidente: La cantidad de fósforos que había en el piso no podían caber en esa caja.

El conteo exacto que hizo Jeremías es de 731, lo cual implica una materialización de 509 fósforos. Al ser un número primo, consultamos con ese departamento, pero la respuesta no fue alentadora. El 509 es un número muy bajo para causar problemas.

Marita llenó rápidamente la caja hasta su capacidad y después se paró largo rato con los brazos un poco abiertos, mirando los fósforos desordenados, esperando que hicieran algo. Pensó que nadie le creería y sintió miedo. Se mordió el labio en un gesto nervioso que hace años que no hacía, y corrió hacia el teléfono de la sala. Llamó a la casa de su hijo.

No pretendo convertir este informe en una queja a la burocracia de la institución ni quiero usarlo para hacer política, pero debo hacer notar en este punto que sólo se me ha dado acceso a la parte de la conversación en que habló Marita, por lo cual mis observaciones sufren considerablemente.

Marita: Hola Nico, soy la abuela, pásame con papi, mi amor… ¿Lautaro? Soy mamá, no se que pasa, no se si me estoy volviendo loca. Se me cayeron los fósforos en la cocina y de repente se multiplicaron. Hay como tres veces la cantidad que había… Ya se que no puede ser, ya se, Lautaro… ¡Pero no! No había otra caja. Ayer compré porque no tenía más y ni los había usado todavía… Lautaro, creeme… ¿Cómo que no es grave, Lautaro? ¿Y si es una señal? ¿Y si es tu papá, que me está tratando de decir algo?

Bartolo, el hombre al que se refiere Marita, murió hace seis años y se encuentra actualmente en el bloque 1BG, en el cual aseguran que no escapó nadie el día en cuestión. Bartolo dice haber estado en el cuarto azul a esa hora, y varias personas han confirmado este dato. No descarto su posible participación mediante un tercero que lo asistiera.

Marita: Lautaro, vení a mirarlo por favor, no toqué nada, metí unos fósforos en la caja nada más, los otros están ahí, vení que no quiero estar sola en esta casa. Tengo miedo, Lautaro. Te pido que me creas… Gracias.

Cortó el teléfono exactamente en el mismo momento en que uno de los revisores sonó la alarma. Enseguida el transportador de guardia le inyectó las coordenadas a un limpiador, que estuvo en la escena apenas unos instantes. Escuchó los pasos de Marita acercándose a la cocina y sólo tuvo tiempo de llevarse los fósforos esparcidos en el suelo. En la caja quedaron 253 fósforos, ya que Marita había metido en ella más de los que había en un principio.

Marita entró a la cocina muy lentamente y trastabilló. Mareada por la nueva irregularidad, trató de apoyarse en la mesa, pero hizo un mal cálculo y cayó golpeándose la cabeza contra la punta de una silla, muriendo instantáneamente.

En este momento Marita se encuentra en trámite. Cuando se le haya asignado su sector, se le harán los análisis pertinentes. Hasta entonces, sería en vano conjeturar seriamente sobre las causas de la falla, que por lo demás no ha traído consecuencias serias en lo que se refiere a la Pantalla de Conciencia Humana.

lunes, marzo 19, 2007

BTB

Sobre el escenario hay una cuadricula de cubículos hechos de paredes apenas más sólidas que cartón. Cada cubículo tiene un escritorio, una computadora, un tacho de basura y una persona. Diego está en el cubículo del centro, y es el único que recibe una luz directa. El resto está casi en penumbras. Javier entra y se apoya en el escritorio de Diego. Javier es negro.

Javier: ¿Hiciste la V.T.V.?
Diego: ¿Lo que?
Javier: La V.T.V.
Diego: No se que es eso.
Javier: La verificación técnica vehicular.
Diego: Ah, entendí vetevé.
Javier: Eso dije.
Diego: No, pero yo entendí ve, e, te, e, ve, e.
Javier: Son siglas.
Diego: Si, ahora me doy cuenta, Javier. Pensé que era una palabra que no conocía, tipo benteveo, pero sin la “o”.
Javier: No, V.T.V.
Diego: Y sin la “ene”.
Javier: ¿Qué?
Diego: Benteveo, tiene una “o” y una “ene” más que vetevé.
Javier: Y es con “be” larga.
Diego: No, es con ve corta.
Javier: ¿Seguro?
Diego: Cien por ciento.
Javier: ¿La hiciste o no?
Diego: ¿La verificación?
Javier: Si
Diego: No te la piden.
Javier: Si te la piden. Por eso te estoy diciendo que la hagas. A Diego se la pidieron y no la tenía, y le sacaron el auto.
Diego: Yo soy Diego.
Javier: Perdón, ¿Diego dije? Dani.
Diego: ¿Y vos decís que mi catramina lo pasa?
Javier: No se, pero si te agarran te sacan el coche.
Diego: Casi que me harían un favor. ¿Che, vos tenés mi engrapadora?
Javier: No. Yo no engrapo, uso clips.
Diego ¿Y donde mierda está? Este lugar es increíble, te das vuelta un segundo…
Javier: Bueno, hacela, no seas boludo, que después te lo confiscan.
Diego: …manga de chorros, hace dos segundos estaba acá…

Javier se va, y Diego sigue buscando inútilmente en los cajones. Entra Ramón con muchos papeles en las manos. Diego está agachado y no lo ve. Se levanta justo cuando termina de pasar.

Diego: ¡Ramón! Vení un segundito.
Ramón: Hola, Diego, no te vi, por eso no te saludé, seguro que estabas buscando algo en un cajón y no te vi. Te hubiera saludado si te hubiera visto.
Diego: Todo bien, Titán, no te hagás problema. Decime un cosita, ¿no habrás visto mi engrapadora?
Ramón: No, pero tengo que decír que técnicamente es la engrapadora de la empresa, el determinante posesivo “mi” es incorrecto.
Diego: Bueeeeeno, lo digo así como quien dice. ¿No la viste entonces? Es roja.
Ramón: No, Diego, no vi la engrapadora roja.

Ramón se empieza a ir.

Diego: Pará, pará un segundito, ¿Vos sabés que es un benteveo? ¿Es un pájaro, no?
Ramón: Es un ave de unos 25 cm de largo, de color pardo oliváceo en la región dorsal, con el pecho y vientre amarillos y la cabeza negra con una ancha ceja blanca; el silbido del benteveo, agudo y prolongado, da origen a su nombre.
Diego: ¡Tomá pa vos y dale a Braulio! ¿Qué sos, observador de aves?
Ramón: El término es ornitólogo, y no, no soy un ornitólogo acreditado, soy sólo un aficionado.
Diego: ¿Pero que, te aprendiste la definición de una enciclopedia?
Ramón: Diego, tengo que trabajar y no quiero ser maleducado, vos siempre me trataste bien y nunca me molestase, y yo se que no sos vos el que me pone plasticola en la silla, pero tengo que terminar esta conversación porque tengo que trabajar y me tengo que ir a las seis hoy porque tengo que ir a una reunión de el club de radioaficionados.
Diego: Vaya nomás.
Ramón: Adiós, Diego, hablamos en otro momento.
Diego: Chau Ramón.

Ramón se va, y Diego lo mira irse, atontado por el encuentro. Después de unos segundos, retoma la búsqueda. Entra Delfina.

Delfina: ¿Que buscás?

Diego se asusta y levanta rápido la cabeza, golpeándose contra el escritorio.

Diego: ¿Viste mi engrapadora?
Delfina: Si, ¿es roja?
Diego: ¡Si!
Delfina: La tiene Javier
Diego: Hijo de puta, me hizo todo el chamullo de la V.T.V. para afanarme la engrapadora.
Delfina: ¿Querés que te preste la mía?
Diego: Gracias, Delfi, pero esto es personal. Acá va a correr sangre de negro.
Delfina: ¿Qué es la vetevé?
Diego: Son siglas.
Delfina: ¿Qué significan?
Diego: ¿Qué significan? Yo te voy a decir que significan: Voy a Torturar a ese Boludo. Eso significan.
Delfina: Che, después de trabajar vamos a ir a Tamarindo con las chicas a tomarnos algo. Venganse.
Diego: ¿A quiénes te referís con “venganse”?
Delfina: No se, vos, Javi, Dani, los que sean.
Diego: Javier va a estar muerto, le voy a hacer tragar una engrapadora.
Delfina: Bueno, vos y Dani.
Diego: Dale.
Delfina: Bueno, nos vemos.
Diego: ¿Si lo ves a Javier le podés decir que es un negro de mierda?
Delfina: No. Y aflojá un poco con el racismo, ¿Querés?
Diego (avergonzado): Lo decía como quien dice.

jueves, marzo 01, 2007

Drama personal

Dramatis Personae

Margarita
La señora Goldberg: Madre de Margarita
Kiosquera: La que vende

Primer y unico acto

La señora Goldberg compra cigarrillos en un Kiosco.

Sra. Goldberg: Y dame un Jorgito para que le lleve a Margarita, que se pasa el día escuchando la radio y se olvida de comer.
Kiosquera: Que rica es la nena tuya. Mofletuda y con esas pequitas en la nariz.
Sra. Goldberg: No sabés como lee. A la mañana le lee el diario a mi marido. Se traba, pero lee las noticias desde el titulo hasta el final.
Kiosquera: Que ricura.
Sra. Goldberg: Bueno, te dejo que la dejé sola en el jardín.

La Sra. Goldberg empieza a caminar hacia la derecha, pero en el suelo hay una cinta para caminar, y se queda siempre en la mitad del escenario. El Kiosco, que está sobre ruedas, desaparece para la izquierda, dando la impresión que estamos siguiendo a la Sra. Goldberg con una cámara. Por la derecha aparece el arenero con Margarita adentro. Alrededor suyo hay varios muñecos, un metegol chico y una radio. Margarita escucha con el estetoscopio el corazón de su muñeco Ken.

Margarita: Tome quince de estas y llámeme a la mañana si todavía no le crecieron los genitales.
Sra. Goldberg: ¿A que jugás, mi amor?
Margarita: A que soy una abogada que se hace pasar por doctora para encontrar personas con lesiones laborales y convencerlos de ir a juicio.
Sra. Goldberg: ¡Gorda! ¡Mirá como tenés el vestido lleno de barro!
Margarita: Vicisitudes de la vida infantil.
Sra. Goldberg: ¡Si! Vicisitudes es que me tengas todo el día lavándote la ropa. Veni acá, te traje un Jorgito.

Margarita se levanta agarra el alfajor y se da vuelta para volver al arenero.

Sra. Goldberg: ¡Ah! Vení acá y dale un beso a mami.

Margarita se acerca a su madre y le da un beso en la frente.

Sra Goldberg: Me voy a dar un baño de inmersión y hacer unos sudokus.

Se retira.

Margarita agarra dos playmobil y el metegol y juega a que los playmobil son amigo que se encuentran después de muchos años. Margarita hace las voces de ambos. Esta es la escena que se desarrolla entre ellos.

Dramatis Personae

Cornelius Woolley: Amigo de la infancia de Hernan
Hernan: Amigo de la infancia de Cornelius Woolley

Cornelius y Hernan se encuentran en la fila para entrar a la cancha de San Lorenzo.

Cornelius: Te veo y no lo creo. ¿Qué haces, hijo de puta?

Se abrazan largamente.

Hernán: Sr. Cornelius Woolley, años hace que no tengo el agrado de verlo. ¿Se encuentra bien, espero?
Cornelius: No digas boludeces, si estoy hecho poronga. Pero contame, ¿Que cagadas te estuviste mandando? ¿Fuiste preso por chorro y te llenaron el cagadero de leche? ¿O te hiciste físicoculturista y no se nota una mierda?
Hernán: Tengo una pequeña pero sana empresa de software. Dígame, mi estimado amigo, ¿Qué problema lo tiene a maltraer?
Cornelius: La muy chupaconcha de mi ex mujer. La hijadeputa me sacó la plata y los chicos, y me puse a escabiar como la san puta y terminé hecho este adefesio impresentable con olor a mierda de camello. No tengo un puto peso partido a la conchuda mitad.
Hernán: Tal vez yo pueda asistirlo en algo, Sr. Cornelius. Mi humilde emprendimiento está creciendo, y siempre hacen falta programadores, ¿Usted…
Cornelius: ¿Me estás jodiendo? Yo sueño en putos ceros y unos. Hace unos años hice un master del recarajo en Guatemala.
Hernán: ¡Portentoso!

Una larga pausa de profundos pensamientos

Hernán: Como en los viejos tiempos
Cornelius: Pucha, carai

Cortina

Margarita: Uy, me entró todo tipo de arena en el ojo.
Margarita: A ver, dejame ver.
Margarita: No, salí que tenés los dedos llenos de arena.
Margarita: No te toco, te soplo.
Margarita: No, lo que tengo que hacer es dejar que el ojo llore un rato y se va a ir sola.
Margarita: Bueno, es tu ojo… Para mí que se infecta y te lo tenemos que sacar con un sacacorchos oxidado remojado en kerosén.
Sra. Goldberg (Desde afuera del escenario): ¿Estás hablando sola mi amor?
Margarita: No, es la radio.
Sra. Goldberg: Gorda, andá a cambiarte que en un rato prendemos las velas de Sabbath.
Margarita: Dios ha muerto, Goldberg, y a mi, personalmente, me parece cojonudo.

Cortina

domingo, febrero 18, 2007

Los dedos de un piano

Cuando Natasha terminó de hablar en la plaza, se hizo evidente que debíamos irnos. El tiempo era un factor. Una maniobra fantasma para despistar, las alcantarillas, un trote rápido hasta la casa, y no pusimos a empacar. Dada la multitud enojada que se agolpaba en la puerta, decidimos viajar ligeros. Cada uno podía llevarse tres cosas. Tantas cosas había que queríamos llevar, que tardamos algunos meses en decidirnos. Acá, nuestra selección:

Natasha:

1) Un copetín a medio comer. Sardinas (3) Salame picado fino (25 Kg) aceitunas (2 mas o menos).
2) Un cubano bastante amigable.
3) Un picador que está buenisimo como pica y además es muy flashero porque tiene un dibujo re chino en la parte de arriba, y en la parte de abajo, nada que ver, tiene un árbol muy limado que tiene un montón de fruta medio loca. La verdad, una masa que Natasha lo haya agarrado porque si no lo hubiera metido en mi lista, y hubiera tenido una cosa menos para elegir.

ernesto:

1) Las lamparitas de bajo consumo, el tabaco de pipa, las monedas de cinco, el timbre de la casa, la misión secreta, las botas de piel de serpiente, las dos cuchillas de una tijera, la campana, un salero con forma de hongo, las tres ultimas paginas, la cara mojada de una piedra, los cinco mares, un llavero, el mejor maletín que el dinero puede comprar, otra adivinanza, un agujero en el cuerpo, una de las primeras fiestas, este humo, un cuarto reflejado en un vaso de sprite, una serpiente hecha de botas, los dedos de un piano, la esgrima como disciplina olímpica, la ultima semana de ayuno.
2) Su gomera.
3) Un bolígrafo estropeado.

Yo:

1) Mi ulcera.
2) Enumeraciones inconexas.
3) El capitulo que Homero va al espacio.

miércoles, febrero 07, 2007

Verano



lunes, febrero 05, 2007

La espina

El polvo en las calles es suficiente para mantener a la gente en sus casas, pero a esto se suma que todos en el pueblo saben que habrá sangre en las calles. Por eso el sherif cruza solo la calle hacia la imprenta, sosteniendo un periódico en una mano. Hace pocos minutos mató un pequeño ratón con la espuela y el animal aun está clavado a los filosos pinches. Los intestinos del ratón obstruyen el mecanismo impidiendo que la ruedita gire. El viento es ensordecedor y casi no puede verse nada por el polvo.
El sherif entra y cierra la puerta. Sentado ante una mesa lo espera el editor del diario con una botella de aguardiente en una de sus garras. No hay nadie más, todos huyeron a sus casas.

Editor: Grrrr. Veo que trajo su propia copia.
Sherif: Vengo a matarlo.
Editor: Bien sabe que lo se. Y también sabe que al no tener pulgares, no puedo sostener una pistola. Pero yo también tengo un arma: dos sillas y una botella de agua ardiente. Sientese un momento, sherif, me matará después de una copa.
Sherif: Te mataré cuando me de la gana.
Editor: GRRRrrrr.
Sherif: …Una copa, gatito. A tu memoria.

El sherif avanza en dos grandes pasos hasta la silla vacía. El editor escucha el cascabeleo de una espuela, pero el otro paso sólo hace ruido a madera. Mira para abajo, y ve el ratón muerto. Imágenes de cacería se cruzan por su mente. El sherif se sienta, se sirve en un vaso y sirve un poco en un plato hondo para el editor.

Sherif: Eres un fastidio, me has costado más de lo que crees.
Editor: Sólo dije la verdad
Sherif: Cuando te mate todo volverá a la normalidad. Ya no habrá más valientes. No lograste nada y ahora estas muerto.
Editor: No estoy muerto, estoy aburrido.

El sherif se levanta y apoya la punta de su arma contra la enorme cabeza del editor.

Sherif: Adios, Androcles, salúdame a tu hermano en el infierno.
Editor: Tiene un ratón muerto en la espuela.

Dos horas más tarde…

Androcles: …logrando un nuevo y mejor orden.
Sherif: Nunca lo había visto de esa manera. Desde mañana dedicaré a la justicia y la paz, la misma energía que he desperdiciado en el saqueo y la muerte. Gracias, Androcles.

lunes, enero 15, 2007

Roger sale de apuros

Primer y único acto

La escenografia es la de un establo, con una pila de paja a la derecha con un tridente clavado en la punta. A la izquierda hay unas pocas gallinas y un contador. El contador es Roger, y está sentado en un escritorio lleno de papeles, un teléfono y un fax. A su derecha un archivador de metal beige. Roger fuma con los pies sobre el escritorio mientras mira una manzana.

Roger

Cónica manzana arábica, ¿Porque fumas? Tientas las maderas de las muchas mesas: podrían incendiarse. Fumas contra toda indicación de Roger. Cónica eres. Cónica y terrible. Y entre tus semillas se ve que alojas a los gusanos y que ellos te mastican. Tu brillo arábico es superficial: roja y sana por afuera pero con el corazón infestado y putrido. Y eres cónica, manzana. Imposible, imperdonablemente cónica. Difícil es creer que Roger te haya arrancado de un árbol creyéndote madura. Tu forma no es la de una manzana. Te pareces a un cono. El árbol que te engendró debe haberse nutrido de un cadáver enterrado a sus raíces. El cadáver de alguien malvado. Eres una aberración que fuma y echa las cenizas a la alfombra. ¿Por qué fumas Cónica manzana arábica? ¿Es que te preocupa que te vaya a comer? ¡Que esperanza! Así fueras el último alimento del mundo te arrojaría lejos de mí o te echaría a los perros. ¿Acaso fumas para que no vea que sonríes? ¿Tratas de ocultar que te mofas de mí? No creas que no lo noto. Eres cónica y estúpida, y me crees estúpido a mi.

Entra El Sr. Robinson. No tiene más de treinta años y se viste como un millonario.

Sr. Robinson
¡Roger!, vengo a ver si ya están listos esos números y te encuentro en esta posición despreocupada y fumando cerca de la paja. ¿Qué significa esto?

Roger
Lo siento Sr. Robinson. Sucede que me disponía a comer la manzana que traje de postre, pero me apeteció fumar un cigarrillo antes.

Sr. Robinson (sonriente)
Fuma, Roger, fuma. Yo fui joven alguna vez, ¿Sabes? Pero recuerda que necesito esos números antes de las seis.

Roger
Despreocúpese Sr. Robinson, Ya están listos, sólo me queda revisarlos.

Sr. Robinson
Estupendo. Y ten cuidado de no prender fuego a la paja con el cigarrillo.

Roger
Lo tendré.

Sale el Sr. Robinson

Roger apaga el cigarrillo en el suelo y le da un mordisco a la manzana. Pasan unos momentos y le da otro mordisco. Se levanta y camina hasta la paja, desclava el tridente y se acuesta en la paja con el tridente en la mano.

Roger
Mandinga y Neptuno también empuñan esta arma, pero a diferencia de ellos yo también soy contador. Los aventajo en eso, lo cual me hace más temible y mucho más cruel. Ahora esas gallinas sentirán mi cólera.

Se para y lanza el tridente como una jabalina, ensartando a una gallina. Las demás salen hacia el público y una le rompe los anteojos a un chico de la segunda fila.

Roger
¡Éxito!

Entra el Sr. Robinson

Sr. Robinson
¡Roger! Me voy apenas un instante y cuando regreso encuentro que has matado a una de las gallinas de la señorita Daisy, ¡Y nada menos que con mi tridente nuevo! Espero que tengas una buena explicación.

Roger
Debería haberla visto, Sr. Robinson. Temí por mi vida. Estaba picoteando a los otros animales, y cuando me acerque a detenerla, saltó e intentó arrancarme los ojos.

Sr. Robinson
¡Vamos. Roger! ¿Esperas que crea semejante historia?

Roger
Es la pura verdad, aun me late el corazón de pánico.

Sr. Robinson

¡Patrañas! Pero te ayudaré a ocultar el cadáver de cualquier manera. Yo también fui joven alguna vez, ¿sabes? Desclava ese tridente.

Roger hace como se le indica. El Sr. Robinson produce una caja de cartón de afuera del establo, y meten la gallina adentro.

Sr. Robinson
Recuerda que necesito esos números.

El Sr. Robinson se retira llevándose la caja.

Roger
El azar me hizo asesino, y ahora debo llevar mi horrible secreto. Con una despareja sonrisa de mascara, caminaré el campo interminable. ¡Culpo al arma! Sin ella no hubiera sido posible matar. Culpo a la forma y la materia, que conspiraron para crear al tridente y la gallina. Yo fui la herramienta, a mi me empuñaron las manos astutas de un plan invisible.

Entra la señorita Daisy

Daisy
Oh, Espero no molestarlo. ¿Trabajaba?

Roger
Si.

Daisy
Sólo quería buscar unos huevos, pero si es mucha molestia puedo pasar más tarde.

Roger
No es molestia alguna. Su belleza me alegra las tardes.

Daisy
Exagera usted. Pero… ¿Dónde están mis gallinas?

Roger
Huyeron, Daisy, huyeron al campo abierto.

Daisy
¡Oh, no!

Roger
Me temo que si.

Se acerca a ella en dos largos pasos y la toma de los brazos.

Roger
Ahora son libres, ¿No lo ves? Ahora vuelan libremente al sur, dejando atrás ríos, lagunas y farmacias. Ya no son simples animales, son dioses en el cielo, que velan por nosotros, que nos dan su gracia y nos regalan su belleza. ¿Acaso no puedes verlo, Daisy? ¿No sientes como si la tierra temblara, que se estremeciera con la nueva libertad de un nuevo mundo?

Daisy (hipnotizada)
Si… Si.

Roger
Y tu, Daisy, con tu avícola belleza, reinarías entre ellas.

Daisy
Ud. lo dice por decir

Roger
¡NO! ¡Lo digo como diría cualquier verdad así de evidente!. Usted sería la reina de las gallinas

Daisy
Supongo que puedo hacer la ensalada sin huevo

Roger
¡Ese es el espiritu!

Daisy se retira de espaldas, mirándolo con ojos soñadores.

Roger
Tendré que avocarme a esos números, después de todo soy un contador y estas son mis horas de trabajo. De no hacerlo, estaría faltando a mi contrato con el Sr. Robinson. Una vez que uno falta a su palabra, se torna difícil lograr que la gente vuelva a confiar en uno.

Se sienta en la mesa y mira los papeles.

Roger
…me llevo dos… más quince dan… el cinco pasa dividiendo… este ocho es negativo… ahora le resto todo al otro… ¡Que barbaridad!

Levanta el teléfono y llama.

Roger
¡Sr. Robinson! Venga por favor a mi oficina.

El Sr. Robinson entra con el teléfono en la mano y el cable estirado.

Sr. Robinson
¿Qué sucede, hijo?

Roger
La empresa quebró hace seis años.

Sr. Robinson
¡No!

Roger
Si. Es espantoso

Sr. Robinson
Y yo sin saberlo seguía ataviado como un millonario. ¡Que ridículo debo haberle parecido a la señorita Daisy!

Roger
Ella no lo sabe aun. Acabo de descubrirlo en este momento.

Sr. Robinson
Pero debemos decírselo.

Roger
¿Debemos?

Sr. Robinson
No podría mentirle. ¿Cómo la miraría a los ojos? No, simplemente debemos decirle.

Roger
¿Debemos?

Sr. Robinson

Ella lo averiguaría de cualquier manera, es muy astuta.

Roger
Pero hace seis años que quebró y ella nunca supo nada. No tiene porqué saberlo ahora.

Sr. Robinson

Pero Ud. sabe

Roger

Pero yo no diría nada

Sr. Robinson
Si se lo oculto no sufrirá. Y yo podré seguir vistiendo mis ropas como antes.

Roger
No seré yo quien se lo impida.

Sr. Robinson
Está decidido. Tú no dirás una palabra a Daisy, y yo seguiré como hasta ahora.

El Sr. Robinson se retira.

Roger
Ahora que se ha retirado, puedo sacarme los zapatos y descansar mis pies.

Se saca los zapatos y arremanga sus pantalones. Entra Daisy.

Roger (Avergonzado)
¡Oh! No quise que me viera sin mis zapatos, sólo que la empresa del Sr. Robinson quebró, y me pareció que podría descansar un rato mis pies.

Daisy
Descuida, me gusta verlo descalzo, sus piernas se parecen a las de mi padre.

Roger
Fíjate que debajo de mi media no crecen los pelos.

Daisy
¡Que gracioso!

Roger (inspeccionando sus propias piernas)
¿Verdad?

jueves, enero 04, 2007

Irlanda

Dos monos discuten amenamente en un bar. Es la sobremesa de una comida abundante y las cáscaras de banana apiladas casi les impiden verse de un lado al otro de la mesa. El tema en discusión es la existencia del altruismo en el reino animal. Los monos, a pesar de discrepar en sus opiniones, mantienen una conversación liviana en el trato, y profunda en el contenido. Se acerca un mozo y en su expresión puede leerse cierta reserba hacia los micos en general y hacia estos dos en particular.

Mozo: ¿Se les ofrece algo más?
Mono Luis: Yo no, ¿vos?
Mono Sergio: No, por ahora nada.
Mozo: Entonces tendré que pedirles que liberen la mesa para clientes que consuman.

Los monos se miran con idéntica expresión de estupor.

Mono Sergio
: Pero hay muchas mesas vacías.
Mozo: Están reservadas.
Mono Luis: No, yo se de que se trata esto. Es porque somos irlandeses, ¿verdad?
Mozo: (colérico) Ud. me ofende.
Mono Sergio: Será mejor que nos vayamos.
Mono Luis: Si, no somos bienvenidos aquí.

Los monos pagan la cuenta y salen por la ventana hacia una rama cercana. Del árbol saltan a otro y luego a un poste de luz. En la esquina doblan, desapareciendo de la escrutiñadora mirada del mozo.

Mozo: ¡Simios pulgosos!

Pero un temblor de rodillas obliga al mozo a sentarse. Ya perdió la conexión con su odio, que, transformado en angustia, ataca con enorme tenacidad.

Mozo: He sido un necio. Un necio y un patán. Hoy soy preso de mi piel, de mi cuerpo sin ventanas. ¡Culpa!, terrible y perfecto motor de la bondad, tarde llegas a mi puerta, pues mi injuria ya no puede impugnarse. Eres justo castigo inútil, balanza que empata los males. Vienes a tomar mi ojo por el que yo cobré a esos simios.

Empieza a llover.

Mozo: Esta ventana no es tal. Se trata de un espejo y esa lluvia ocurre en mí. Pero temo por los hombres, pues es enorme mi desazón, y presagio un diluvio interminable. ¡Haced arcas carpinteros! ¡Id a los astilleros a construir vuestros navíos!... ¡Lengua!, vil apéndice, vocero de lo pérfido en mi, justo es que pruebes el filo de mi navaja.

Abruptamente el mozo se levanta y produce una cuchilla filosa. Saca la lengua y la sostiene con el índice y el pulgar de una mano. Se mutila. La sangre le cubre enseguida la camisa blanca, pero el mozo sonríe al ver que afuera está escampando y ya se filtran algunos rayos dorados sobre las cáscaras de banana.

sábado, diciembre 30, 2006

Canaleta

Ante tu estupor, el lanzamiento de Walter es tan desviado, que cae en la casa del vecino, matando a los seis perros. Es el momento de huir. Como siempre que hay que huir, Walter se sube a tu espalda.

Tu: Bájate, cretino, tenemos los zapatos del salón.

Walter: Genial.

Walter se baja de tu espalda y adopta la actitud dinámica que precede al raje. Lo tomas de la solapa y lo increpas.

Tu: Ya veo. Era mentira… era todo mentira… Siempre te cargo yo a ti y tu nunca me cargas a mi. Más de una vez hemos discutido por esto y nunca hasta recién me fue tan claro el alcance de tu vileza. Tu intención no era cuidar mi espalda desde un lugar privilegiado. Nunca consideraste que cargarme era exponer mi espalda a eventualidades y amenazas. Simplemente eran engaños para no tener que cargarme. En el momento que te diste cuenta de que tu también tenías zapatos, le diste las espaldas a mi espalda.

Walter: Si así es como te sientes, renuncio

Tu: No. Estás despedido.

Walter: Lo mismo da

Tu: Te indemnizaré. Ahora que ambos tenemos zapatos, no compartiremos tantos taxis. Con la indemnización podrás pagar los taxis hasta que encuentres otro trabajo.

sábado, diciembre 16, 2006

Goteras en el techo

ernesto había adquirido dos baldes de considerable tamaño, y, después de llenar uno hasta su capacidad con agua, se armó de un gotero para vaciarlo una gota a la vez. El agua iba a dar al balde vacío, donde muy lentamente crecía la marea.
Cuando los baldes tuvieron más o menos la misma cantidad de agua, aproveché un descuido de ernesto para cambiarlos de lugar. Eran idénticos y rojos.
ernesto, inadvertidamente, empezó a reponer el agua que había vaciado del balde original. Mi magnifica celada parecía dar enorme resultado, y yo anudaba y desanudaba mis dedos de manera siniestra, disfrutando de mi triunfo secreto.
Pero con el pasar de las gotas se hizo de día. Entonces pudimos ver que el balde que llenaba ya había rebalsado, mientras que en el otro aun quedaba la mitad.
Y ernesto seguía con el gotero. A las pocas horas flotábamos sobre el sillón, en la pileta que se había formado en el cuarto. Yo intentaba detenerlo, temeroso de que el agua estuviera electrificada por alguna lámpara subacuática, o que creciera hasta que el ventilador de techo nos hiciera más bajitos.
Cuando comenzaron las olas de quince metros, por un segundo creímos que ahora había más agua en el cuarto que la que estaba en el primer balde. Nos pareció inverosímil. No obstante, por las dudas, empezamos a vaciar baldes por la ventana, ernesto ahora convencido de lo menesteroso de nuestra situación.
A eso de las cinco el agua había llegado al techo, encerrándonos en una trampa mortal y mojada. Si ernesto no murió es porque justo había respirado mucho el día anterior y no le hacía tanta falta. Yo tal vez si morí, pero no sabría precisar. Natasha, que era el agua, se reía asustando a los peces.

martes, diciembre 05, 2006

Naturaleza muerta