Monday, April 28, 2008

Escenario con vista al publico

Sobre el escenario hay un escenario que ocupa la mitad del escenario. Este escenario está ambientado como un vagón de subte. Debajo de este escenario (pero sobre el escenario real) el director, el guionista y el actor, revisan el guión sentados en sillas.

Actor (Leyendo el guión en voz alta): Buenas tardes señores pasajeros, los voy a molestar en esta ocasión con una oferta imperdible: Se trata de un hermoso departamento en caballito, tres ambientes, cocina, comedor, baño, lavadero, balcón y terraza común al edificio. Mientras habla, el vendedor se agacha y abre el cierre de un bolso bastante grande. Cuando se vuelve a levantar, tiene en las manos tres o cuatro de los departamentos, que va repartiendo entre los pasajeros interesados. Ochenta metros cubiertos, ochenta y cinco en total. Departamento que se abona en inmobiliarias no menos de sesenta, setenta mil dólares, hoy lo lleva por un peso nada más. Un pesito señoras y señores es lo que vale. Para regalar, para regalarse, una verdadera oportunidad. El que quiera ver, el que quiera revisar, sin compromiso de compra, me lo hace saber.

Director: Hasta ahí está bien, gracias Ricardo (El director hace una pausa, se saca los anteojos, y mira al guionista, que está luchando con el envoltorio de una barra de cereal) Acá veo un problema.

Guionista: Si, algunas cosas necesitan una revisión. Hace tanto que no viajo en tren que seguramente el tono del discurso sea anacrónico. Y el precio de los departamentos seguramente haya que actualizarlo, ¿no?

Director: No, no, el tono está bien, o en última instancia, digamos que no es la mayor de mis preocupaciones. Lo que me parece un tanto problemático es esto de los departamentos. Más específicamente, la imposibilidad material de que los mismos se presenten en un vagón de subte.

Guionista: ¿Por una cuestión de costos?

Director: Por una cuestión de tamaño.

Guionista: Ah, si, eso. Yo me imaginé que podíamos hacer como en los clasificados, que cortan las palabras para que ocupen menos espacio. En vez de living ponemos, “liv”, en vez de comedor, “com”, en vez de baño, “bañ”. Es cuestión de economizar.

Actor (Practicando, en distintos registros): Bañ…bañ…bañ…bañ.

Director: (Tocando el hombro del actor) Gracias Ricardo. (Al guionista) A ver: Mi problema no es con el tamaño del guión, sino con el tamaño de los departamentos. Pensemos juntos: Si cada uno mide cuatro veces el tamaño del escenario…

Pausa larga en la que el director hace gestos como para que el guionista termine su frase. El guionista, que ha logrado abrir la barra de cereal, lo mira extrañado mientras mastica.

Director: ¿Cómo hacemos para meter cuatro departamentos en un vagón de tren?

Actor: ¿Dos adelante y dos atrás?

Director: (Con la mirada fija en el guionista) No es una adivinanza, Ricardo.

Guionista: He ahí la magia del teatro. No hay necesidad de hacerles la instalación eléctrica, plomería etc. Y, además, como los departamentos están para alquilar, ni siquiera hay necesidad de amueblarlos.

Director (impaciente): Perfecto. Eso resuelve el problema de la plomería, la electricidad y el amoblamiento. (Hace tres cruces en una lista imaginaria) Ahora queda el temita de meter cuatro departamentos en un bolso.

El guionista extiende un brazo y le arrebata el guión al Actor, que se cae de la silla y queda ahí tirado.

Guionista: (Apuntando a un lugar del guión) Puse “Bolso bastante grande”.

Director (Perdiendo y recuperando la paciencia): ¿Pero dónde se ha visto un bolso en el que quepan… A ver… ¿Qué tal si el tipo vende biromes?

Actor (desde el piso): ¡Biromes!

Sobresaltados, el director y el guionista miran al actor por unos segundos.

Guionista: No, no pueden ser biromes.

Director: ¿Porqué?

Guionista: Esto no es cine, en donde vos haces un primer plano y podes ver hasta los poros de Susan Sarandon. En las tablas, lo pequeño, el detalle, se pierde. Ponete en el lugar del espectador: Vas a ver una obra de teatro en la que un tipo dice estar vendiendo unas biromes, y vos, desde la última fila, mirás y ves que tiene como unos palitos en la mano. ¿Cómo sabés que son biromes? Bien podrían ser termómetros, palitos chinos, abrecartas o destornilladores. Y ahí nomás te ponés a dudar de todo. La cuarta pared se derrumba y chau ilusión. No, decididamente no pueden ser biromes.

Director: Entonces ayudame a pensar, porque tampoco pueden ser departamentos.

Guionista: Si pueden.

Director: No, no pueden.

Guionista: Si

Director: No

Actor: ¡Biromes!

Silencio. El director se levanta, agarra la silla vacía y empieza a pegarle al actor con enorme violencia. Cuando ya parece muerto, el director se arregla un poco la corbata y vuelve a su lugar.

Director (Muy calmo): Tal vez podamos pensar opciones para remplazar los departamentos por alguna otra cosa, dado que así como está el guión, sería muy difícil representarlo.

Guionista: Yo no… A mi… Me parece bien

Director: ¿Qué te parece si hacemos que venda relojes?

Guionista: Si, relojes. Eso.

Director (anotando algo en el guión): Bien, bien. Ya siento que avanzamos.

Guionista: Si.

El guionista, notoriamente asustado, aprovecha un descuido del director para huir. Se baja del escenario y corre por el pasillo, entre el publico. En el apuro, se le cae una pizzeria del bolsillo.

Friday, April 18, 2008

El hecho del hacha

“Ahora voy a decir unas palabras” dijo Nicolás, y se paró con tal violencia que facundo, el gato siamés que dormía como un bulto sobre su regazo, salió volando y aterrizó sobre el filo de un hacha. El hecho del hacha, que sólo unos pocos advirtieron y con interés casi nulo, tuvo dos grandes consecuencias para el felino. La primera fue que el tajo que el filo le practicó, fue justo en el punto donde el gato estaba unido a su hermano, resultando el corte en una separación casi quirúrgica del gato siamés, en dos gatos no siameses. La segunda es más triste, porque si bien facundo tenía ocho patas y dos cabezas, sólo tenía un corazón, por lo cual uno de los hermanos quedó como dormido a un costado del hacha. Fac maulló de dolor o tristeza y se alejó. Undo no hizo nada.
Alrededor de la mesa, las miradas estaban sobre Nicolás. Éramos un auditorio expectante de sus anunciadas palabras. Pero un silencio sostenido nos hizo sospechar que Nicolás había incurrido una vez más en la literalidad excesiva, y que al decir “Ahora voy a decir unas palabras” se refería a las mismas palabras que usaba para decirlo.

Wednesday, March 12, 2008

Lo que no quiero escribir (escrito contra mi voluntad)

A Quielo, que sabrá odiarlo casi tanto como yo.

Hay un placer cómodo, un lugar común, una silueta familiar de palabras y conceptos. Es contra lo que lucho cada vez que escribo. Es lo que viene fácil y me aburre. Es la fuerza que me dicta estas palabras, que de ella nacen para lucharla hasta la muerte.

Su arma más fuerte y atractiva es la ambigüedad, la frase que abarca y no aprieta, la felicidad de lo abstracto, el tono paternalista y poco claro de quien regala un pensamiento profundo, las enumeraciones que parecen generar sentido sumando comas, (coma) la ilusión holográfica de un algo.

La repetición es su arma más fuerte y atractiva. Que me llama siempre, que me invita a imitarme, que me tienta, ahora, a escribir estas palabras cansadas.

La más atractiva, la más fuerte de sus armas, es la autoconciencia, el lugar donde el lector se queda afuera, lo que de tan personal se torna inapelable: el abuso del poder unilateral de la escritura.

A veces me parece que habla desde un núcleo, en el que las cosas que importan no necesitan revestirse de novedad, sino que la forma usual expresa claramente lo que el ingenio ocultaría. Esos días (estos días) somos iguales: Somos mi enemigo.

El sin sabor que deja, es el del violador. Una sensación de haber forzado algo sagrado, de haber ultrajado al lector con palabras que no hablan el mismo idioma.

Wednesday, February 20, 2008

MuerTé

Friday, January 18, 2008

Casi tomada

Pasen, pasen por acá. No le hagan caso a mis hijas, son todas lunáticas. Señorita Karen, mire el tamaño de este espejo, yo creo que a una mujer tan bella como usted le dará mucho placer, ¿verdad? Si, todos comentan lo mismo. No se qué podrá ser, hace años que no me refleja, o que refleja solamente mis manos. Pero vengan, tomemos el pasillo que lleva a las habitaciones.

No se dejen impresionar por el largo del pasillo, la mayoría de las puertas dan al mar egeo y cosas del estilo. Aléjense, si son tan amables, de los rincones, yo se porqué se lo digo. Esta es la puerta de la biblioteca.

Si tenemos suerte… Si, están todos los ejemplares en su lugar. A veces los libros no están o están apilados en el suelo, pero alcanza con cerrar la puerta y volver a abrirla dos o tres veces para que todo vuelva a su sitio. Señor Diego, su mujer me dice que es aficionado a la caza, síganme y le mostraré una habitación que creo será de su agrado.

¿Verdad que es una colección extraordinaria? Yo no se nada de armas, pero en su expresión veo que lo es. Eso si, antes de entrar fíjese siempre si sangra el ojo de la cerradura, si está sangrando será mejor que no entre. Vayamos al cuarto principal.

Tengan cuidado, aquí hay un tablón flojo. Discúlpenme si no entro con ustedes, nunca entro ahí, me recuerda demasiado a mi marido. Tómense el tiempo que necesiten. ¿Les ha gustado? ¿Verdad que es bonito? No, Señorita Karen, no le haga caso a esa ventana, son las cuatro y media recién. Una vez una de las chicas rompió un cristal y desde entonces siempre es de noche y siempre es verano.

El baño es maravilloso, ¿verdad? Miren todo el espacio para guardar remedios y cosméticos, sientan el roble. Observen el detalle de las patas de la bañera. Vengan, vamos a la cocina. Oh, casi lo olvido, fíjense, por favor, en sus bolsillos, el baño suele dejar allí algún azulejo o una canilla. Déjalo en el suelo, querida, no es problema. Vengan por aquí.

Hola Rogelio, estos son el Señor Diego y la Señorita Karen, cocinarás para ellos los dos meses que las chicas y yo estemos ausentes. Espero no recibir ninguna queja por tu comportamiento. Síganme, les mostraré el patio.

Tendrán que acostumbrarse a Rogelio, lo imaginé de muy pequeña y nunca pude deshacerme completamente de él. Además, a esta altura, me daría pena. Cocina muy bien, ya verán. Esta casa puede ser muy solitaria, sobre todo cuando una es apenas una criatura. No es extraño que los niños tengan amigos imaginarios. De niña yo quería ser cocinera, y Rogelio era mi asistente. Cocinábamos deliciosas tortas de barro en el jardín, justo ahí, un poco alejados del rincón. La mente de Rogelio, comprenderán, es tan simple como la que una niña de ocho años puede imaginar… Levanta los pies, querida, las enredaderas se soltaran solas. Empuja desde la punta, no quieres perder esos tacos tan bonitos.

Saturday, December 29, 2007

Friday, December 28, 2007

Fatman forever