jueves, junio 12, 2008

Martes 2:22 am

Los martes suben un poco la temperatura del infierno. Lo hacen para que no nos acostumbremos a una agonía constante. A mi se me ocurrió la idea del pulóver, que enseguida se popularizó como una especie de juego eterno.

Funciona con la misma lógica perversa que la de “la calefa”, como le decimos acá. Apenas sube la temperatura, a las 2 y 22 de los martes, nos ponemos tres o cuatro suéteres de lana gruesa. A medida que van pasando los días de la semana, nos los vamos sacando de a uno. Así logramos, al menos, la ilusión del alivio.

Pero hay que conocer el propio límite a la hora de abrigarse, no todo es diversión en la morada del Mal. Muchos de los oscuros espíritus que caminan sus pasillos de diamantes filosos, son almas corrompidas por el vicio y el abuso, y todas las semanas se escuchan historias de alguno que murió sofocado por ponerse nueve suéteres y una bufanda. Y no es chiste, porque el infierno, dicen, también tiene un infierno.

Cada cien años entra un nuevo condenado. El rito de iniciación es cruel y requiere la participación de todos. Cuando llegan, generalmente, empiezan a correr desesperados o intentan apagarse las llamas revolcándose por el suelo. Al rato se dan cuenta de que no hay fuego, y que la sensación no es la de arder sino la de tener infinito calor.

Cuando pueden escucharnos les damos nuestro sentido pésame por su reciente fallecimiento y les ofrecemos la bienvenida al infierno, donde “hacemos lo que podemos con lo que hay”. Comentamos, como al pasar, su mala suerte: morir un día en el que hace un calor tan descomunal.

Durante los días siguientes mantenemos el engaño. Comentamos el calor insoportable, siempre cuidándonos de que el nuevo esté cerca. Cuando nos pregunta, le decimos que no recordamos una temperatura ni cercana. Para agregar realismo, un alma muy vieja dice que hubo un día al principio de los tiempos que fue peor, que esto no es nada.

Llega el martes y a las 2 y 22 vuelven a subir la temperatura un poco. Es casi imposible resistir la tentación de mirarles la cara cuando nos ve ponernos el suéter, pero hacemos lo posible por no levantar sus sospechas. Nos limitamos a soltar, aliviados, frases como “Al fin una poquita de fresca” o “Si seguía así una hora más yo no se que hacía”.

15 comentarios:

Mateo dijo...

"El infierno son los demás" Juan Pablo Sartre

jaqueca comunal dijo...

qué adorable perversidad el infierno sos vos en el buen sentido. al final uno puede decir el infierno está encantador esta noche.

Arielita Barcos dijo...

En realidad, ejem ejem, el diablo son los eternos criticadores. Acá voy:
La propiedad de la lana es la de preservar una temperatura, no la de generarla.
En el invierno, nos sirve para preservar nuestra temperatura corporal de 36 graus aprox del exterior más frío. Lo que sucede, es que, en tan extremas condiciones de calor como las descriptas, la lana se tornaría un alivio verdadero para los habitantes del infierno en donde capaz lograrían una temepratura de unos 40 grados respecto de los miles de miles del exterior.
¿Por qué si no se visten los hornos de fibra de lana? ¿para que no pasen frío? nooo. Para que los taperwears de al lado no se chamusquén!
Todo esto relativizado por un grandísimo "creo"
Pero tambien llevo un angel a dentro, due punti: adoréi el cuento

Anónimo dijo...

vos burlate y hacé chistes, pero quizás llegue un día en el que el texto no te resulte tan gracioso.

quielo

bretón dijo...

Muy bién. Gustó. Me hizo acordar a una época de mi vida en que hacía pool para ir al colegio y algunos días, ponele los martes, nos pasaba a buscar una vieja en su auto que siempre tenía la calefacción tan alta que no se podía ni respirar. Pero lo peor de todo es que siempre sonaba en su casetera el mismo casette de Maná.
Maná! Ese es el infierno loco, un casette de Maná repetido a la eternidad.

Anónimo dijo...

Me gusta!, me llena de optimismo porque, claro,si hay un infierno del infierno, también hay un cielo del infierno al que van los que estuvieron mintiendo para aliviar a los recién llegados. Entonces, paso a paso o cielo a cielo se llega al verdadero cielo que, obvio, tiene temperatura perfecta todo el tiempo. Además, es un alivio saber que solo uno cada 100 años va al infierno. Que alivio, qué optimismo!!. También me gusta la parte literaria.

Hay una sola.

nacho dijo...

"El infierno son los son los pulóveres" Mateo Ingouville

Anónimo dijo...

"sarte es un pulover"

quelindalluvia dijo...

vos reite pero a los que nos cambiaron de escuela en la primaria sabemos de qué hablás y no nos da tanta risa...

ya entendí todo y me pareció perfecto, que voy a negar?

Anónimo dijo...

sarte es swater con error de orto
pf

Anónimo dijo...

suerte que sartre usaba sweater?

vina apsara dijo...

azar que no usaba sundown

Anónimo dijo...

En la espiral no todos son paisajes que arden.
"Me encuentro en el tercer círculo; en el de la lluvia eterna, maldita, fría y densa, que cae siempre igualmente copiosa y con la misma fuerza. Espesos granizos, agua negruzca y nieve descienden en turbión a través de las tinieblas; la tierra, al recibirlos, exhala un olor pestífero."

te quiere
Chino chipero

Anónimo dijo...

ya





pf

Anónimo dijo...

ser para el otro