lunes, enero 05, 2009

El hombre que pensaba dos cosas a la vez

Conocí a un hombre que podía pensar dos cosas al mismo tiempo. Se compró un cassette con clases de alemán y uno con clases de chino, y se sentaba con un walkman en cada mano y un audífono de distinto color en cada oreja. Y cada día hablaba mejor.

Una vez pensó una cosa justo en el momento en que estaba pensando eso mismo, y por la columna le subió un cosquilleo eléctrico muy agradable. Otra vez pensó al mismo tiempo dos cosas opuestas y por unos segundos se quedó estupefacto, pensando en nada, que en su caso eran dos nadas o una nada partida a la mitad.

Era un jugador de ajedrez aceptable cuanto mucho, pero se jactaba de ser el único que podía jugar partidas simultáneas. Decía que los demás jugaban partidas individuales alternadamente.

Sin ser muy amigos, disfrutábamos mucho hablando de los más diversos temas. Recuerdo un día en particular en que lo visité y tuvimos un diálogo particularmente interesante. Como era su costumbre, leyó un libro durante toda la conversación. Creo que “La importancia de ser Franco”, de Oscar Wilde. Como dije, esta actitud no era extraña en él, pero aquel día ocurrió algo que me permitió acceder, siquiera un poco, al mecanismo de su mente.

Recuerdo que hablábamos sobre el hipocausto, el ingenioso sistema de calefacción que utilizaban los romanos. Cada vez más entusiasmado con la conversación, empezó a hablar a toda velocidad y a un volumen cada vez más alto. Pero en un momento se detuvo en la mitad de una palabra, levantó la mirada del libro y dijo en una voz clara y cargada por una risa contenida, disculpen que interrumpa, quiero leerle un pasaje, creo que es lo más gracioso que he leído en mi vida. Sorprendido, miré en torno y confirmé que no había nadie más que nosotros.

Después leyó el pasaje en voz alta, pero no pude escucharlo. Sólo podía pensar en una cosa. Se había interrumpido a sí mismo para comentarme algo del libro y nos pedía disculpas a los dos, como si él también fuera otra persona. Como si tuviera dos mentes individuales, independientes una de la otra. Quizás una hablaba alemán y la otra chino. Quizás tenían distintas personalidades y distintos gustos. Pero no, no podía ser así, había dicho que quería leerme un pasaje, lo cual dejaba entender que no tenía necesidad de leérselo a sí mismo. Era como si dos personas idénticas convivieran en un cerebro, compartiendo la información que juntaban por separado.

8 comentarios:

jaqueca comunal dijo...

¿hace como kim peek tu amigo? ¿que lee la hoja derecha con el ojo derecho y el ojo izquierdo con la hoja derecha del libro?
¿eh? ¿hace como kim peek?

Arielita Barcos dijo...

EHHHHHH, a mí... en lo personal... me haaaaaaaaarto gustó!
(si alguien notase que este comentario lo escribi en horarios de trabajo, no deberia alarmarse por mi amoralidad, mejor ha de dar por sentado que se debe a que comparto con EL HOMBRE la capacidad mentada, y que no me gustó tanto el relato por lo original del personaje sino por cuanto me refleja de pies a cabeza)

quelindalluvia dijo...

que puedas cerrar un ojo a la vez no se si implica un desdoblamiento cerebral...
no se.
¿implica?
¿eh? ¿implica?

Mateo dijo...

Vos te parecés a Kim Peek, excepto por la parte de savant.

la avispa sin alas dijo...

Me ancanta la idea y ¿Para cuándo al papel? ¿El libro?

Anónimo dijo...

Si hacés que viva en un pueblo chico, que de pibe se pegue un palo grande en la bici y adquiera esta condición, que nadie lo entienda, que lo actúe Brad Pitt, y que sea el mejor relator de tenis del mundo, podés llevarlo a Hollywood y ganar mucha plata

Anónimo dijo...

Algunos dos y otros nada
Pf

Anónimo dijo...

mat, las cosas, pensalas de a una pero publicalas mas seguidas.
pf