jueves, abril 13, 2006

Tal cual

La botella que se me cayó al piso fue la quinta que liquidaba en poco menos que una hora. Tan borracho estaba que le insistí a la moza para que me dejara limpiarlo a mi. Al final me dejó. Estuve unos minutos levantando pedacitos de vidrio pero al rato me senté en una silla a descansar y tuvo que venir ella a terminar el trabajo. Eran las dos de la tarde y me procure un wisky más.
Nadia se sentó enfrente mío. Tapaba su reloj de pulsera con la mano derecha.

Nadia: Nadia, mucho gusto. Escuchá. A mi reloj le pasa algo muy raro. Tengo sed, ¿me das un poco?
Yo: Gustavo, soy. (Y le pasé el vaso)
Nadia: Hace dos semanas fue el cumpleaños de mi sobrina. Era la noche anterior en realidad. ¿Fuego tenes?... Gracias. Y yo estaba mirando mi reloj para ver cuando se hacían las doce para empezár a festejar.

Ahí fue cuando mire el reloj por primera vez, y noté que lo tapaba con la mano.

Nadia: Y a las 11:59 empecé a hacer la cuenta regresiva: 10, 9, 8… Pero cuando llega a cero veo que entre las doce y la una aparece un trece. Es un reloj analogico, de los de agujita. Ya vuelvo, voy al baño.

5 minutos después.

Nadia: (con la mano tapando el reloj) Y después, cuando se hicieron las dos, apareció de repente un catorce, entonces agarré la perrillita y la...
Yo: (Interrumpiendola) A verlo.
Nadia: ¿Qué cosa?
Yo: ¿Cómo que cosa? El reloj.

Nadia se miró el reloj sin levantar la mano que lo tapaba. Su expresión era de no entender lo que miraba, como si estuviera viendo algo por primera vez.

Nadia: No, no podes. Mi mano está en el camino.
Yo: Si, ya se.
Nadia: Bueno, la cosa es que le moví la perillita que mueve las agujas y nada. No se movían. Y me puse a pensar que además de ser muy raro que aparezcan números de la nada en mi reloj…
Yo: (Interrumpiendola) Es un poco raro.
Nadia: Además de eso, estaba mal el milagro. Porque la hora que viene después de las doce de la noche es la hora veinticinco, no las trece. Las trece horas son la una de la tarde.
Yo: Tal cual.
Nadia: Y entonces dije: ¿Qué pasará a la una de la tarde de verdad, cuando el reloj llegue a las veinticuatro? ¿Habrá un veinticinco, o volverán a ser doce?
Yo ¿Esto de lo contaste a alguien? ¿Le mostraste el reloj a tu sobrina?
Nadia: No, no quise.
Yo: Para mi que te falta un sanguiche para el picnic, se te zafó un tornillo.
Nadia: No, loca no estoy. Bueno, y me pasé toda la noche mirando el reloj. Y a las doce en punto apareció el veinticinco.
Yo: Lógico
Nadia: Y desde entonces vienen apareciendo números nuevos. Y se hacen cada vez más chiquititos par entrar todos. Va por el quinientos treinta algo. Ya no puedo leer los números sin lupa.
Yo: ¿Tenes hora?
Nadia: Ja. Y las agujas se mueven cada vez más lento. Parece que está roto, pero si te fijas siempre están en distintas posiciones. ¿Queres ver?
Yo: Si.

Sacó la mano de encima del reloj y extendió el brazo para que pudiera ver mejor.

7 comentarios:

papaf dijo...

por qué le dijiste que te llamabas Gustavo, Mat ? con lo que nos costó elegir tu nombre. A qué hora hora fue todo esto? Cuándo venís? se enfríala sopa... que cosa!

Socram dijo...

Ese reloj no tiene nada de malo. La historia el lineal y no circular, como muestran los relojes comunes.

tazelaar dijo...

bueno, estos textos me dan ganas de buscar al autor, agarrarlo del cogote y exigirle aunque sea una vision mas del reloj, una que no sea la de nadia.

Jorge Alberdi dijo...

Me gustó también.
saludos

breton dijo...

sos un ser malvado mateo
tu malvadez se potencia con tu astucia y nosotros la sufrimos

Anónimo dijo...

qué horas son mi corazón

Jorge Alberdi dijo...

Amigo: tengo una pequeña deuda que creo haber saldado en mi último post. Se agradece.